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El tercer disco de estudio de Alcest salió a la venta este febrero con unas dosis de expectación pocas veces vistas en en el mundo del black metal. Por definición, el black metal no es un género de masas, sino que más bien se ciñe a un entorno underground de seguidores acérrimos, capaces de defender con su sangre la honestidad y valía suprema del mismo. Es un medio exageradamente conservador, donde por principio se desconfía de todo lo que no contenga los ingredientes marca de la casa:blast-beats, distorsión extrema, riffs afilados como cuchillas y voces agónicas ininteligibles, preferiblemente en una lengua incompresible de raíz escandinava.

Alcest superó casi desde el primer momento esa visión limitada para abrazar un sonido mucho más ecléctico, fusionando con valentía a tribus urbanas aparentemente opuestas. Y visto el éxito arrollador que ha tenido Neige, girando por todo el mundo sin parar, podemos decir, sin temor a equivocarnos, que ha triunfado en su empeño. Sus conciertos son una amalgama extraña en la que se mezclan indies y alternativos, atraídos por el post-rock y el shoegaze, y heavies de pro, en busca de su dosis de riffs, blast-beats y voces agónicas. Y todos salen satisfechos.

A pesar de la naturaleza extrema que se puede encontrar en la raíz de Alcest, Neige compone una música muy accesible. Esto se debe por entero a la intención contemplativa con la que el músico francés dota a sus composiciones, buscando iniciarnos en un maravilloso viaje por paisajes de ensueño. Una realidad paralela llena de magia primordial y misterios entrañables. ¿A quién no le atrae semejante planteamiento? Para disfrutar de Alcest tan solo se necesita una mente abierta y compartir su visión escapista. El resto viene a continuación. La distorsión, las voces black, la percursión acelerada. Todo, tarde o temprano, hace click y cumple su función en ese gran panorama onírico. Porque la música de Neige tiene mucho que ver con las artes plásticas.

Veo a Alcest como el heredero y el último eslabón de una tradición musical impresionista. Es el Debussy del siglo XXI, pintando claros de luna con distorsión y electricidad. Los medios cambian pero la intención y el fin son los mismos: adentrarse en las profundidades de nuestra imaginación y sembrar visiones de luz. Luz apacible, luz violenta. Luz cálida, luz fría. Luz interna, luz externa. Luz llena de contenido. Luz repleta de pasión. Luz mágica. Luz.

Les Voyages De L’Âme. Los viajes del alma. Las travesías que nuestro espíritu acomete una vez nuestro cuerpo cae rendido al sueño. Los viaje astrales en los que trascendemos la realidad inmanente que nos sofoca y nos ahoga en el día a día. Los viajes al pasado, al sagrado mundo de nuestra primera infancia, al mundo que dejamos atrás al perder la inocencia y al que jamás volveremos de otra forma. Los viajes al caleidoscopio primigenio, la paleta de colores en la sumergimos nuestros corazones y pintamos en el firmamento infinito nuestra verdadera patria. Somos creadores de mundos. Feudos en los que reconocemos las facciones de nuestro hogar, nuestra esencia viva, las escamas de la luna sobre un lago a medianoche.
9/10

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Anathema es uno de sus grupos que han conseguido convertirme en fan incondicional por las emociones que su música me llega a provocar. Su noveno trabajo de estudio, Weather Systems, es ante todo un disco emocional, y eso, a pesar de una primera impresión algo floja por la sencillez compositiva de la que hace gala, ha conseguido hacerse un hueco entre uno de mis discos favoritos del año y encaramarse a trilogía beatífica que se inició con A Natural Disaster y continuó con We’re Here Because We’re Here.

El LP empieza directamente con el mejor corte de todo el disco. Anathema no se ha reservado nada, y expone su mejor tema al principio. Un acorde repetitivo, sucesiva incoporación instrumental de manera progresiva, armonías vocales de ensueño y unas letras exquisitas en su sencillez aparente. Untouchable es una clara muestra de lo que este disco nos ofrece: tranquilidad, belleza, paz y candor. Los hermanos Cavanagh y los hermanos Douglas han colocado, en un movimiento no exento de riesgos, las dos partes de su tema estrella de forma sucesiva. El efecto es inmediato. Aunque la primera parte cuenta con más fuerza intrínseca, la segunda le sigue a la perfección con un acercamiento más introspectivo.

Las siguientes cuatro canciones componen el meollo del disco, esos sistemas meteorológicos con diferentes estados de ánimo. Así The Gathering of the Clouds nos pone en tensión y nos prepara para la inminente tormenta. Lightning Song es toda una sorpresa, con la suave voz de Lee Douglas comandando el tono prístino de la canción. La letras puede parecer ingenua, pero es sin duda una de las canciones más optimistas que haya escuchado nunca, y ya solo por eso se merece una mensión especial. Sunlight cuenta con una percusión más poderosa, pero no es hasta The Storm Before the Calm cuando realmente tenemos algo de rock consistente por estos británicos, otrora estandartes del death/doom más extremo. El drone y el noise se mezclan a la perfección en la primera mitad de este gigante de más de 9 minutos, creando una atmófera de tensión, violencia y desorientación. Y tras la tormenta, la calma, con las preciosas armonías liberadoras de Vinnie y Lee. Las tres últimas canciones del disco son mucho más lentas e intimistas, sobrevolando sentimientos profundos que van desde la melancolía a la paz interior

El sonido del disco basa toda su fuerza en la creación de atmósferas que, en una progresión in crescendo, llegan a explotar en un clímax de auténtica plenitud musical. Desde un punto de vista compositivo todo es muy sencillo, haciendo gala de un sonido uniforme, repitiendo muchas notas y acordes a lo largo de los diferentes cortes. Las melodías de cuerda subrayan el sonido intimista que el grupo ha querido imprimir en este disco. No hay nada que distraiga del objetivo último, un viaje por nuestras emociones más profundas e íntimas. Es muy fácil desdeñar este disco como una producción sensiblera y un punto perezosa, pero sería un grave error. Debajo de Weather Systems hay un sonido genuino, profundo y conmovedor. Decenas de escuchas después las melodías siguen teniendo el mismo efecto mágico de la primera vez.

9/10

Crítica Amaranthe – Amaranthe

Escandinavia lleva décadas siendo el caldo de cultivo de donde surge el mayor número de grupos de metal del panorama internacional. Conseguir una porción del mercado se vuelve cada vez más difícil y la originalidad brilla por su ausencia. Muy de vez en cuando surge algún grupo que trata de hacer algo diferente. Amaranthe es uno de esos proyectos.

El grupo aglutina a varios integrantes de la escena sueca (bastante desconocidos a decir verdad) comandados por los amigos de la infancia Olof Mörck y Jake E. Berg. Su propuesta sónica ha sido cuidadosamente meditada durante varios años. No es un alarde de inspiración surgido a través de infinitas jam sessions en algún local abandonado, sino que ha sido creada en un laboratorio musical, dando con una fórmula específica. Amaranthe saca su primer LP con una clara intención de revolucionar el panorama comercial del metal mundial. Para ello mezclan en cantidades simétricas el power metal escandinavo, el death melódico de la escena de Gotemburgo y los estribillos pegadizos de la música pop. Para mezcla géneros tan dispares con éxito se apoyan en la característica más llamativa del grupo: sus tres cantantes.

Elize Ryder se encarga de las voces pop del grupo, Jake E. Berg se encarga de las voces limpias y Olof Mörck hace lo propio con las guturales. Contar con tres cantantes tan diferentes multiplica las posibilidades, y Amaranthe no se olvida en ningún momento de este hecho. Ninguno de los tres cuenta con un protagonismo superior. Sus voces se van cruzando constantemente, cantando en solitario, en duetos, saltando al frente, quedando en un segundo plano… Las armonías vocales del disco es lo más reseñable y hace que el sonido sea muy dinámico, ágil, entretenido y pegadizo.

La música en sí no es muy compleja, si bien cumple en el apartado técnico. Es puro death metal melódico de la escena de Gotemburgo con estructuras pop made in ABBA. El disco tiene una duración media, en torno a los 43 minutos, pero sus temas son tan similares entre sí que puede engañar. El tempo cambia muy pocas veces a lo largo del disco, manteniendo un ritmo endiablado excepto en “Amaranthine”, compuesta con la intención de erigirse en la power ballad del grupo. La producción está encaminada a dar con ese sonido discotequero, con ritmos muy marcados y melodías bailables mientras trata de  mantener siempre que puede la agresión de las guitarras metálicas.

Amaranthe es un producto comercial desde su concepción y esa característica provoca el rechazo inmediato de cualquiera con un mínimo de pretensiones musicales. El mundo del metal y del rock en general no está acostumbrado a este tipo de acercamientos. Son mucho más propios de la música pop y por ello este género musical está hoy en día tan denigrado. Pero, ¿hacer música pensando en el éxito comercial es algo legítimo? Es un debate que no tiene una respuesta sencilla, así que lo mejor es quedarnos con lo que Amaranthe nos ofrece: música melódica, muy movida y extremadamente pegadiza. A pesar de compartir en esencia un género extremo como es el death metal su propuesta se dirige a un público amplísimo. Si te gusta la música pop Amaranthe tiene algo que decirte.

7/10

Crítica 21 – Adele

La Gran Bretaña ha dado a luz en los últimos años a grandes estrellas del soul, mujeres que por su voz asombrosa se han alzado con el cetro del género y han reventado las listas de ventas. Una de las últimas de estas mujeres es Adele: una joven que no se adecua exactamente a los cánones de belleza de la música comercial, y que sin embargo ha empezado una nueva revolución en el panorama musical del “easy listening”. ¿Qué tiene Adele que la diferencia del resto y hace que los grandes sellos discográficos perdonen el hecho de que no cuenta con un físico para andar semidesnuda por los escenarios? La respuesta es sencilla: una voz prodigiosa.

La voz de la joven Adele posee una fuerza fuera de lo común, una fuerza que comparte con las grandes divas del soul como Aretha Franklin. Lo que convierte su figura en algo todavía más interesante son sus capacidades como compositora. Adele no se limita a poner voz a unas canciones. Ella misma es la encargada de componer las canciones. No solo tiene una voz encantadora, sino que sus habilidades musicales se extienden al dominio de la guitarra, el piano, el bajo, la batería y varios instrumentos más. Una músico al completo, sin ningún género de dudas.

Los títulos de los discos de Adele corresponden a la edad con la que contaba a la hora de componerlos. 21 se centra en la ruptura de una relación amorosa. Cada una de las canciones se centra en los diferentes pasos del proceso traumático. Es encomiable la precocidad con la que Adele ha sido capaz de acometer la composición e interpretación de unas canciones tan universales, si bien su juventud e inexperiencia a veces juega en su contra. El soul es un género que basa su fuerza en la sinceridad de unos sentimientos profundos que se encuentran totalmente desbocados. El problema y mayor peligro se da cuando esos sentimientos aparecen sobredimensionados. Una ruptura puede resultar muy dolorosa, y a los 21 puede parecer que el mundo se acaba, pero no es así. Cuando Adele nos intenta convencer de lo contrario, que el mundo sí se acaba y que nada tiene sentido sin el ser amado, no puede sino terminar quedando en evidencia. En la mayoría de las ocasiones Adele consigue sortear este peligro, pero a veces falla miserablemente, y cree sincero lo que no es más que un pataleo histérico, como en la excesiva “Don’t You Remember”.

Adele triunfa cuando se mantiene en control de la canción en todo momento y no deja que el sentimentalismo rampante la domine. “Set Fire to the Rain” es uno de los temas estrella del disco precisamente por esto. Es una canción que sangra sinceridad, y los arreglos orquestales junto a su voz hacen que todo el tema adquiera un tono épico. “Turning Tables” o “Someone like You” tienen en común el sosiego con el que Adele los interpreta. No necesita de ningún tipo de artificio, la música y su voz bastan.

21 se perfila como una obra fruto de una mujer dotada para la música con grandes cualidades, pero que sin embargo sufre un desequilibrio entre su ambición y su experiencia. Es algo excusable en alguien de su edad. No se puede pretender que Adele posea la profundidad de Bob Dylan. Eso sí, dentro de unos años, si todo va bien, estaremos ante una figura tan completa como las grandes estrellas. Mientras tanto podemos disfrutar de sus grandes cualidades: una voz única y unas melodías muy frescas.

8/10

Crítica The Unseen Empire – Scar Symmetry

 

Teorías de la conspiración, el poder oculto, los Iluminati, megacorporaciones con más poder que gobiernos soberanos… Todos estos temas son los que proponen los integrantes de Scar Symmetry, una de las muchas bandas de melodic death metal procedentes de Suecia. Supone un gran cambio en cuanto a las letras, que hasta ahora siempre habían versado sobre sesudos conceptos de ciencia ficción y física cuántica. Este cambio hacia la accesibilidad también se traslada a la música, ya que el grupo nunca había sonado tan directo como en este The Unseen Empire, su quinto álbum de estudio en tan solo seis años.

Scar Symmetry alcanzó muy rápidamente mucho reconocimiento con sus tres primeros álbumes. Fueron perfeccionando una técnica basada en el death metal, con mucha melodía pero manteniendo un acercamiento muy técnico que los acercaba al metal progresivo. Al contar con dos guitarristas muy virtuosos el grupo componía canciones con riffs muy acelerados y técnicos, una percusión muy segura y unos teclados encargados de otorgar ese fondo melódico industrial permanente. Sin embargo lo que diferenciaba al grupo del resto de la escena de Gotemburgo era su cantante, Christian Alvestam. Christian es uno de esos raros cantantes con la capacidad de variar sin esfuerzo entre un vicioso rugido death y unas voces limpias angelicales, con un timbre de tenor muy típico de la música pop. Era algo único, y en Scar Symmetry lo sabían y lo explotaban al máximo, llegando a sacar su obra cumbre hace tres años, Holographic Universe (2008). Pero al parecer lo bueno que tenía Christian como cantante lo carecía en calidad como compañero, y el grupo decidió echarlo tras ese magnífico disco por negarse a girar.

Para cubrir la baja de Christian no se les ocurrió otra cosa que contratar a dos cantantes, uno death y otro para las voces limpias. Las posibilidades armónicas se multiplicaban, pero el grupo acusó mucho la pérdida de personalidad que le otorgaba Christian, y Dark Matter Dimensions (2009) resultó muy inferior a sus predecesores. En este nuevo disco han optado por volver a la fórmula de su gran éxito, apostando por un acercamiento mucho más accesible, con una clara ventaja para las voces limpias, y reduciendo la duración del disco (de los 60 minutos a los que nos tenían acostumbrados pasan a 43). Todo resulta en un trabajo mucho más agradable, más fácil y complaciente. No exige mucho a pesar de retener algunas tendencias progresivas. La producción queda muy equilibrada entre las partes más melódicas y las más agresivas. Contar con dos cantantes que van cruzando las armonías vocales de forma casi continua ayuda a darle ese dinamismo y esa velocidad endiablada que buscan los nuevos mercados musicales.

The Unseen Empire es la vuelta de Scar Symmetry a su sonido patentado, esta vez con diferentes cantantes. Sin embargo, tras cinco discos con un mismo sonido en tan poco tiempo uno puede sino preguntarse por el futuro. La banda se encuentra al borde del precipicio como otros grupos antes que ellos. Unos terminaron por caer en el abismo del comercialismo más absoluto, desprovistos de cualquier ingenio creativo que una vez tuvieron (In Flames, Dark Tranquility, Sonic Syndicate), y otros todavía se mantienen en él, pero sin ser capaces de mostrar algo radicalmente diferente (Soilwork). Solo el tiempo dirá que camino toma Scar Symmetry, pero el horizonte no es muy halagüeño. Ni para ellos ni para la escena en general, que acusa una terrible falta de ideas.

8/10

Crítica Born This Way – Lady Gaga

El segundo disco de estudio de Lady Gaga no tiene mucha importancia por su contenido musical sino por lo que significa para la cultura pop actual. Autoproclamada mesías de los marginados e incomprendidos, Lady Gaga basa su carrera en un constante in crescendo de excentricidades y desvaríos que la convierten en el permanente centro de atención. A estos niveles es imposible discernir marketing empresarial de autoría propia, sin embargo creo que Stefani Joanne Angelina Germanotta es mucho más inteligente de lo que parece. Todas sus extravagancias corresponden a un plan maestro destinado a asaltar el trono de la música comercial. Y le está funcionando a la perfección.

Born this Way, como tantos otros ejemplos de música comercial, es un compendio de singles, no un LP. Si tenemos en cuenta la cantidad de productores diferentes que ha Gaga ha utilizado podemos entender mejor la fragmentación absoluta de la que adolece el disco. El objetivo primordial es colarse en las discotecas de medio mundo, y eso se puede hacer de varias maneras aunque siempre contando con un elemento unificador.

Lady Gaga se apoya en un sonido electrónico muy Eurobeat para simplificar sus canciones al máximo. Para hacer un que un tema sea fácilmente bailable hay que contar con un ritmo muy constante, un tempo que no cambie a lo largo de la canción, y que se convierta en una referencia sencilla. Todas las canciones cuentan con un drumbeat que se sitúa muy arriba en la mezcla para que no se pueda perder el ritmo ni por accidente. Sin embargo, a partir de esos elementos comunes, Gaga demuestra un eclecticismo encomiable, mezclando todo tipo de estilos. Born this Way es música disco, pop comercial, pero incluye en su receta ingredientes de hip-hop, rancheras, opera, música sacra, rock & roll, americana, electrónica, jazz y heavy metal (la portada es puro Mötorhead).

Lady Gaga toca muchas teclas pero no todas con el mismo acierto. Los singles varían mucho en calidad. No hay ninguna canción horrible (aunque alguna como Highway Unicorn o SchiBe está cerca de serlo), pero sí que abundan muchas que resultan anodinas. Tienen elementos interesantes, estribillos pegadizos o un ritmo sólido, pero acaban sumergiéndose en la mediocridad absoluta. La música disco es como la comida rápida. Otorga un placer muy directo y eficaz, instantáneo, pero no perdura. Se acaba la canción y se olvida. Las que consiguen despuntar son precisamente las canciones más elaboradas, las que tienen una instrumentación más compleja y tienen esa vocación de himno.

Marry the Night, Born this Way y Judas se sitúan al principio del disco y ofrecen lo mejor que Gaga tiene para las pistas de baile. Sin embargo es al final del disco donde realmente despuntan las cosas, con una Electric Chapel interesante (un órgano eléctrico y un solo de guitarra metálica consiguen una atmósfera de contrastes), una U&I casi perfecta (ese sentimiento rock & roll, americana y homenaje al Boss) y The Edge of Glory, que sigue todas las instrucciones para hacer un temazo pop que consigue mantener la atención a pesar de durar más de 5 minutos (una eternidad para el pop).

Lady Gaga es un producto excesivo, barroco, dolorosamente comercial, provocador y muy presuntuoso. Sin embargo tiene personalidad y un plan maestro para dominar el mundo de la música pop y echar del trono a viejas glorias que se han asentado allí durante décadas. Con su mensaje de aceptación personal y lucha por los valores propios se ha conseguido meter en el bolsillo al colectivo homosexual, que es un nicho muy importante en el mundo de la noche. Ha identificado un target muy provechoso y erigiéndose en madrina del movimiento les ha tocado la fibra. A partir de allí el resto es un juego de ajedrez. Pero más sabe Madonna por vieja que por Madonna.

6/10

Crítica Codes and Keys – Death Cab For Cutie

Death Cab For Cutie nació como un proyecto de Ben Gibbard que, tras grabar una demo en ultra-lo-fi con mucho éxito en los círculos underground, reclutó a tres personas más para conformar un grupo de indie rock estable. No fue sin embargo hasta Transatlantiscm (2003) cuando dieron el salto a la primera línea de la escena indie. Dos años después le siguió Plans (2005), al que considero su mejor disco. Con esta dupla Death Cab había conseguido meterse en la vida de miles de adolescentes por todo el mundo que se sentían reflejados en la melancolía y el romanticismo dramático de Gibbard. Personalmente pienso que Plans tiene unas de las mejores letras de cualquier disco del género.

Con estos precedentes Gibbard se quiso despabilar y tres años después nos trajo Narrow Stairs (2008), un disco mucho más experimental centrado en las guitarras, con un sonido más sludge, metálico y distorsionado. Ahora, con este Codes and Keys hace justo lo contrario, perfilando un LP que gira en torno a los teclados y los sintetizadores para crear todo tipo de texturas.

El sonido de Death Cab ha evolucionado mucho desde los tiempos de Plans. Gibbard ha crecido, se ha quitado el flequillo y las gafapasta y todo el grupo ha abandonado la estética adolescente para abrazar un tono mucho más maduro. Codes and Keys es un disco mucho más progresivo, poco interesado en crear canciones pegadizas con estribillos fáciles de tararear. Muchas de las canciones tienen esa estructura de bucle tan típica de la música experimental. La mayoría de las veces el ritmo es muy sosegado, contenido, dejando espacio para que las canciones vayan creciendo por sí mismas. Esto a la larga quiere decir que aunque es un disco “musicalmente” más interesante, falla por completo a la hora de crear singles, canciones con una identidad propia que las diferencien de las demás. Después de escuchar el disco más de diez veces solo reconocería en la radio “You’re a Tourist” y “Underneath the Sycamore”. Coincide también que son dos de las mejores canciones del disco.

Nada se le puede achacar a la producción de Chris Walla. El disco suena bien. Se nota el gran presupuesto que hay detrás y el buen hacer en la mezcla. Lo que no me termina de convencer es el acercamiento que Gibbard ha elegido para darle a las partes vocales. Todos esos filtros son muy normales en el mundo del progresivo pero no terminan de encajar del todo en la música de Death Cab. La primera canción del disco, “Home is a Fire” es un buen ejemplo de esto. Es muy extraña y no funciona nada bien como opener, sobre todo teniendo en cuenta que muchos fans de Death Cab lo son sobre todo por Plans y su magnífica primera pista “Marching Bands of Manhatan”. Ben tiene una voz muy normal, pero efectiva para un grupo que nació para consolar a adolescentes. Prefiero escucharla sin adulteraciones.

En definitiva, el último disco de Death Cab for Cutie es muy difícil de calificar. Lejos de contentarse con la fórmula ganadora de Plans, el grupo ha seguido experimentando sin miedo. Hay gente que se lamenta del potencial desaprovechado de la banda, como si nunca terminaran de realizar lo que están destinados a hacer. Entiendo esa visión, pero a gente así no se le puede exigir nada. Se han ganado el derecho a experimentar y a hacer lo que les dé la gana con su sonido. Y  eso siempre hay que respetarlo.

Por cierto, el video para “You’re a Tourist” me parece uno de los mejores que he visto este año por su originalidad. Y el tema de la canción habla tanto sobre mis circunstancias actuales que parece hecho a propósito. Una canción de primera, sin duda.

8/10