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Crónica del concierto Mastodon + Red Fang

El 23 de enero Mastodon aterrizó en la capital de España para presentarnos su último trabajo, The Hunter, quinto de su carrera. La fecha señalada caía en lunes y, teniendo en cuenta que suelen ser unos habituales de los festivales veraniegos (ya les había visto en el Monsters of Rock del 2007 y en el Sonisphere del 2011), no esperaba mucha asistencia en La Riviera. Me equivoqué por completo.

A las ocho de la tarde se abrieron las puertas y media hora más tarde salían a escena los teloneros, los stoners Red Fang. Esta banda de Portland practica un heavy rock muy setentero, y a pesar de todo, bastante sureño, así que casa a la perfección con Mastodon. Nos ofrecieron un concierto muy correcto, derrochando actitud y una música directa, sin muchas complicaciones pero muy efectivo. Reservaron su gran tema, Prehistoric Dog, para el final, y consiguieron irse entre vítores y aclamaciones del público.

Mientras esperábamos la salida de Mastodon eché una mirada en derredor y me sorprendí de la afluencia de gente en la sala. Se había llenado como la vez en que acudí a ver a Within Temptation. Teniendo en cuenta la naturaleza difícil del sonido del grupo me parecía increíble. La composición del público era de lo más variopinta, y no estaba formada únicamente de metalheads como uno pudiera esperar. Lo que sí fue más homogéneo fue el aroma a marihuana que empezó a circular por entonces. Al parecer muchos querían entonarse en condiciones para afrontar la psicodelia del grupo con plenas garantías.

Sin hacerse mucho de rogar, Mastodon salió a escena y sin decir una sola palabra empezaron con el trallazo de Dry Bone Valley, para luego pasar a Black Tongue y Cristal Skull. Diez minutos y tres temas en el concierto y ninguno de ellos se había dirigido al público para nada. Ni siquiera presentaban las canciones. Tampoco hacía falta, allí todo el mundo se las sabía de memoria. La calidad del sonido era bastante buena, con unas guitarras muy potentes que reclamaban toda nuestra atención y una percusión rigurosa. Las voces se perdían a menudo entre tanta distorsión, pero nadie las echó mucho en falta. Mastodon no hacen gala de unos buenos vocalistas y aunque han ido mejorando con los años, no es eso lo que la gente busca cuando va a verlos.

El sonido de Mastodon es una amalgama sludge con aspiraciones progresivas que suele apabullar por su compleja mezcla. Son tan directos como un derechazo a la mandíbula pero lo suficientemente complejos como para confundirte. Por eso lo califico de grupo difícil. Y por eso me sorprende la cantidad de seguidores que consiguen reunir en torno a ellos.

La actuación duró poco más de hora y media, pero resultó agotador. La aprovecharon al máximo, sin dar tregua en ningún momento y sin levantar el pie del acelerador. Solo al final, con la espectacular y extraña Creature Lives, dejaron la omnipresente distorsión un poco al margen. En total, 23 canciones, con hasta 9 de su último disco. El resto se repartió entre los cuatro anteriores, aunque Crack the Skye salió bastante perjudicado con solo un par. Personalmente eché de menos Oblivion y estuve medio concierto esperando a que saliera a escena. Fue una pequeña decepción, pero soportable tomando en cuenta la calidad total del concierto.

A Mastodon se les ha criticado el directo muy duramente. Reconozco que han ido mejorando a lo largo de los años, e instrumentalmente son una pasada sobre el escenario. Las interpretación vocal es otro tema, pero a estas alturas no creo que nadie espere milagros de estos red necks, y mientras Dailor y Sanders copen esa faceta no me preocupan (Hinds es otra historia, no soporto su chillido agónico, parece que está pasando una piedra en los riñones). Volverán a nuestro país en el Sonisphere de este año, pero a las 4 de la tarde bajo un sol de justicia y tragando polvo no es la situación ideal para disfrutarlos. De todas formas este año el festival lo han puesto a finales de mayo, así que puede que nos ahorremos todas esas penurias. También puede que los coloquen más tarde, ya que por calidad lo merecen, aunque muy cargado viene el Sonisphere de este año, con Metallica, Soundgarden, Slayer y un montón de grupos más.

Mastodon ha ido creciendo en mí muy lentamente. En el Monsters of Rock de 2007 no me digné a salir de la caseta de prensa y los escuché desde lejos. Después de este concierto no puedo dejar de escuchar The Hunter. Y pocos grupos consiguen reengancharme después de verlos en directo. Normalmente suelen defraudarme. Mastodon ha conseguido justo lo contrario.

Crónica del festival Madrid is the Dark III (parte 3)

El segundo día del festival comenzó con los alemanes Ophis, una banda que mezcla doom con black, en eso que algunos quieren etiquetar como depressive black metal o suicidal black metal y que a mí me parece una soberana gilipollez. La verdad es que a pesar de que se han llevado buenas críticas con el par de discos en su haber a mí no me dijeron nada. Los gritos del cantante se me hacían tan molestos como a cualquier fan de Rihanna y me sentí completamente al margen de toda la movida. Se me hicieron eternos. Luego descubrí que les habían extendido el setlist a todos los grupos por la ausencia de 40 Watt Sun.

Tras el mal trago de los alemanes volvieron los suecos de Isole, pero esta vez para deleitarnos con las composiciones de su proyecto paralelo, Ereb Altor. Al parecer crearon este proyecto para dar salida a su amor por Quorthon (el legendario frontman de Bathory) y las leyendas vikingas de su tierra. Aún hoy no puedo encontrar diferencias sustanciales en el sonido de los dos proyectos que justifiquen semejante separación. Pero me dio igual. Tocaron ese epic doom metal tan sobresaliente con el que se han labrado un pequeño nombre en la escena y sorprendieron con alguna obra maestra como Myrding. En ese tema la interpretación vocal roza la excelencia.

Los siguientes en subirse al escenario fueron los alemanes de Ahab, cuyo cantante había estado a mi lado hasta ese momento con sus enormes melenas rubias. Avisaron de que estaban jodidos de la garganta y que pasarían de las voces limpias, y acometieron temas de su último LP, The Divinity of Oceans. El sonido de Ahab (en honor del maníaco protagonista de la novela de Herman Melville) es descrito por sus integrantes como Nautical Funeral Doom. Nueva gilipollez al canto. El caso es que se dedican a hacer un sonido muy distorsionado, con una lentitud extrema y unos death grunts que están siempre en el tono más grave de todos. Sus composiciones son larguísimas, y las intercalan con sonidos de gaviotas y olas y alguna proyección de Moby Dick. El público estaba entusiasmado con ellos, llegando incluso un grupo de fans a sacar ballenas de plástico, pegarlas a un palo y agitarlas en el aire como si nadaran por la sala. El merchandising se agotó enseguida y los discos volaron. Yo, otra vez, me sentí por completo alienado.

Cuando por fin terminaron cambió de nuevo el tono como en el día anterior. El festival abandonó la senda doom para meterse en el death. Daylight Dies es una banda de death metal melódico de Estados Unidos, pero que tienen más cosas en común con las bandas de death/doom del viejo continente. Los conocía de oídas y su sonido, aunque agradable, me pareció bastante derivativo. Estaban un par de escalones por debajo de October Tide para poner un ejemplo, pero resultaron solventes y la audiencia pareció satisfecha.

Los siguientes fueron los brutal death de Asphyx. Esta banda holandesa lleva desde los años ochenta dando por saco. Fue el único grupo de todo el festival que de verdad me disgustó profundamente. No solo los gritos de Martin Van Drunen se me hacen insoportables, sino que su sonido se me hizo tan monótono, tan idéntico, que no podía esperar a que terminaran. Pero nunca lo hacían. Se vanaglorian de ser old school, así que hacen las cosas igual que cuando empezaron. Distorsiones extremas y más preocupados de dar caña que de hacer algo interesante. Se hicieron los sordos con el tiempo que tenían asignados y en vez de respetar los cincuenta minutos que les habían dado se quedaron hora y cuarto. Si entonces hubiera sabido las consecuencias que su gracia iba a ocasionar no hubiera tenido tanta paciencia.

Continuará…

Crónica del festival Madrid is the Dark III (parte 1)

Parece que toca de nuevo pedir disculpas. Publicar un libro tiene mucha más enjundia de lo que creía en un principio. Esta macrocrónica en 4 partes se ha hecho esperar demasiado, pero al fin ya está aquí, así que hay material para unos días.

La tercera edición del Madrid is the Dark, el festival de metal extremo más importante de nuestro país, estuvo muy cerca de fracasar de la forma más estrepitosa. A última hora la sala Cats se echó atrás y dejó con el culo al aire a la organización, que tuvo que recolocarse a toda prisa en la sala Penélope, de infame memoria por el escándalo del concierto Opeth + Pain of Salvation de dos semanas antes. Era difícil ser optimista ante semejante panorama, pero al final salió todo bien, muy bien.

Me enfrenté el sábado con calma para disfrutar de 8 horas seguidas de metal extremo. El primer grupo fueron los españoles As Light Dies, que no sonaban a nadie. Esta banda totalmente desconocida fueron la primera sorpresa, ofreciendo un metal muy oscuro y extremo pero con un amplio abanico de contrastes gracias a la inclusión de un violín. Al parecer Dan Swäno les ha mezclado el segundo disco y están ligados a un sello ruso, pero está claro que algo falla. Les deseo más suerte en el futuro, porque lo que necesitan es visibilidad ya que talento tienen de sobra.

Los epic doom metalheads de Isole salieron a continuación y nos ofrecieron un concierto memorable, con esos fraseos de guitarra tan solemnes y una interpretación vocal operística salpicada de vez en cuando por algún alarde de furia gutural. Dignos discípulos de Candlemass, los suecos disfrutaron de un sonido envidiable y repasaron temas de todos sus discos, pero poniendo atención sobre todo al último, Born from Shadows. Me dejaron muy buen sabor de boca y me alegré de saber que al día siguiente les volvería a ver en su faceta Ereb Altor.

Los chilenos Mar de Grises fueron los siguientes en saltar a escena. Este grupo de death/doom con tintes progresivos está revolucionando la escena y atrayendo mucha atención por el norte de Europa, pero reconozco que yo todavía no les he cogido el punto. Su sonido es extremadamente denso, asfixiante y sumado a las voces agónicas del cantante, totalmente inquietante. Su actuación me resultó un poco monótona, con poca variación. Al parecer tuvieron algún problema técnico, pero nada en comparación con los que vinieron después.

Skepticism al parecer son una banda de culto proveniente de Finlandia. Practican un funeral doom metal con una fuerte presencia de teclados, una extrema lentitud y unas voces guturales tan graves que no parecen humanas. Salieron a escena casi media hora tarde ataviados con trajes negros como si acudieran a un funeral y dada la extrema duración de sus canciones solo pudieron tocar un par. Pero yo no me quejé. Era la apuesta más arriesgada del festival y me desagradó muchísimo aunque al parecer había gente que llegaba a disfrutarlos. Cuestión de gustos.

Con October Tide el festival abandonó la vertiente doom para centrarse más en el death, lo que se tradujo en un aumento de las revoluciones considerable. El death metal melódico de los suecos me sorprendió gratamente. Dieron un concierto animado, con mucha caña y repartiendo melodía a espuertas. Después del sufrimiento de sus predecesores los recibí como agua de mayo. Aprovecharon muy bien su tiempo y dejaron un buen sabor de boca a todos los asistentes, si bien llegué a pensar que la inclusión de unas voces limpias le vendrían de maravilla a su sonido.

Ghost Brigade era uno de los dos grupos que tocaban ese día por los que se sentía una predilección especial. Los sigo desde que sacaron el primer disco hace ya cuatro años y cuentan con unas canciones absolutamente brillantes. Practican un death metal melódico muy progresivo con influencias doom y de post-hardcore. Su punto fuerte son las texturas que consiguen con las guitarras y con la dualidad en las voces del cantante. Su punto débil es que todas sus composiciones se parecen bastante entre sí. Plantearon un concierto muy interesante, centrándose en sus dos últimos discos y otorgando a partes iguales calma y melodía y furia y violencia. Sonaron especialmente bien Soulcarvers y la majestuosa Into the Black Light. La actuación que se marcaron fue tan buena que me empujaron a empezar a escucharlos de nuevo en mi día a día, y solo los mejores consiguen hacer eso. Redescubrí Isolation Songs, un disco qué pasé un poco por alto en su día por parecerme muy extremo (la voz gutural del cantante tira más hacia el hardcore que al death, y se hace muy agónica para el que no está acostumbrado).

Continuará…

Crónica del concierto Moonsorrow + Tyr + Crimfall + Hamferð

Esta crónica se ha hecho esperar casi un mes por el ajetreo al que he estado sometido estas semanas, y por eso pido perdón. He estado trabajando duro en la corrección de un libro y dejarlo listo para la edición ha sido un proceso largo y costoso. Finalizada esta etapa ya puedo ponerme al día con los artículos de Forbidden Culture.

El pasado 24 de noviembre tuve la oportunidad de asistir al desembarco en Madrid del Dead Tyrants Tour 2011, una gira cargada de violencia pagana y furia vikinga. La sala Copérnico hizo de anfitriona esta vez, otorgando un sonido bastante decente y una decoración muy interesante. Era la primera vez que asistía a un concierto allí y la verdad es que salí encantado. Es un ambiente íntimo y personal, bastante competente en cuanto a luz y sonido, pero con un encanto especial que no tienen otras salas que hacen las veces de discoteca.

A las siete y media salió el primer grupo, Hamferð, y nos pilló completamente desprevenidos. Nadie sabía quiénes eran ya que no se anunciaban ni en los flyers ni en las entradas. Ataviados con traje negro al más puro estilo My Dying Bride salieron al escenario muy hieráticos, metidos en su papel Doom. Durante media hora repasaron un repertorio bastante regular que no sobresalió en ningún momento. Aparte de ser de las islas Feroe no pude vislumbrar ninguna razón por la que estaban allí. No pegaban ni con cola con el resto de los grupos, con un sonido diametralmente opuesto.

Diez minutos necesitaron los técnicos para acondicionar el escenario para la salida de Crimfall. Esta banda finesa cuenta con dos LP bastante decentes donde practican un viking metal épico basado en la dualidad de voces femeninas y guturales, ritmos con mucha fuerza y orquestaciones masivas. En el estudio suenan muy bien a pesar de no ser muy originales. En directo la historia cambia mucho ya que cuentan solo con una guitarra, una batería y un bajo para interpretar una música con muchas capas instrumentales, así que se apoyan demasiado en partes pregrabadas, y le resta muchísima fuerza a las melodías. De todas formas el buen hacer de su vocalista femenina y la fuerza que transmite el gigante encargado de las guturales hizo pasar un buen rato al público durante 45 minutos, y para muchos eso ya era suficiente.

A continuación salió Tyr, una banda que ha cosechado mucho éxito con su fórmula de viking metal basada en el virtuosismo de las guitarras, su gusto por el metal progresivo y las sobresalientes voces limpias de sus integrantes. Durante 70 minutos repasaron profusamente su última obra, The Lay of Trimm, y muchos de sus grandes temas de su pasado más reciente. El resultado fue un concierto que no decayó en ningún momento, lleno de energía y buen rollo, con el centenar escaso de personas que se habían reunido allí saltando y cantando sin parar. Las melodías de los feroeses son pegadizas, alegres y épicas, con un fraseo de guitarra que se entremezcla a la perfección y otorga una gran consistencia a los temas. Tuvieron algunos problemas puntuales pero todo se puede englobar dentro de los riesgos del directo, y el trabajo realizado por Joensen y compañía fue encomiable en todo momento.

Tras un cuarto de espera largo salió a escena Moonsorrow, los cabezas de cartel aquella noche (se iban turnando con Tyr durante la gira), maquillados con sangre por las caras al más puro estilo black metal. Y empezaron el concierto precisamente con uno de los temas más difíciles e incómodos que tienen, Tädhetön, de su reciente Varjoina Kuljemme Kuolleiden Maasa. Ya desde el principio Ville Sorvali escupió todo el odio y violencia sobre el escenario que el duro sonido de su último disco requiere. Vinieron muy metidos en su papel de paganos, explicando el sentido de las canciones y lanzando consignas que daban a entender su discrepancia con la cristiandad y la opinión que tenían sobre cómo les habían impuesto una religión hace un milenio. No comparto para nada las diatribas incendiarias tan extremas de gente así, pero reconozco que su música es eso y en la teatralidad que es una función musical queda bastante bien. Tan solo una vez se salieron un poco del guión, y no pude parar de reír. Sorvali presentó Jotunheim diciendo que ellos venían de la tierra “where eternal winter prevails”, y todo el mundo estalló en vítores. “Do you like winter? Really? We fucking hate it”. Y en eso coincido con él y con Marco Hietala, no hay absolutamente nada de romántico en ser un vikingo congelado en Escandinavia.

Moonsorrow consiguió en 80 minutos repasar todos los aspectos que hacen su música célebre, a pesar de tocar solo siete canciones, algo inevitable teniendo en cuenta la extrema duración de sus composiciones. Fueron duros, violentos y desesperanzadores, pero también alegres y enérgicos (sobre todo a los cortes sacados del Voimasta Ja Kunniasta, Sankaritarina y Kÿlan Pääsä) y hasta épicos y mitológicos a pesar de que no tocaron Haaska. Se despidieron con Kuolleiden Maa, cerrando el círculo de manera magistral, con la que bautizaron como “the last song on Earth”. Apoteósica en su violencia primordial.

En definitiva la noche fue muy notable. Dos grupos de primera con estilos muy diferentes si bien compartiendo una temática parecida, un telonero agradable y un plus que no aportaba mucho pero que tampoco molestaba en exceso. Es muy difícil disfrutar de grupos como estos en España, y hay que agradecer a Babylon Productions la apuesta, sobre todo teniendo en cuenta que el aforo no llegó a superar las cien personas. Con su buen trabajo consiguieron sacar adelante uno de los mejores conciertos de la etapa otoñal en la capital.

 

Crónica concierto Amorphis + Leprous

 

El sábado 19 coincidieron dos de las actuaciones más esperadas por cualquier amante del metal. Por un lado tocaban Opeth y Pain of Salvation en la sala Penélope y Amorphis y Leprous en la Sala Arena. Un choque de titanes en toda regla. A pesar que Opeth tenía las de ganar (por prestigio, alcance, calidad, nombre de los teloneros) tenía en contra el recinto, que no podía competir de ninguna manera con la Sala Arena y que equilibraba bastante la balanza. Soy seguidor de Opeth desde hace muchos años y discos como Blackwater Park y Ghost Reveries me parecen obras maestras, sin embargo la perspectiva de pasar otra velada en la sauna en la que sufrí a Symphony X un mes antes no me apetecía mucho. Entre que valoraba los pros y los contras una y otra vez se me pasó el arroz, es decir, se agotaron las entradas y me quedé con un palmo de narices. De todas formas no lo lamenté mucho. Ya no tenía que elegir. Era cuestión de ver el vaso medio lleno.

Llegué un poco apurado de tiempo a la cita, pasadas las siete y media, hora que señalaba la actuación del primer grupo de la noche, los españoles Nahemah. Nada más llegar empezaron la que fue su última canción de la noche. Miré el reloj. Me había pasado solo tres minutos de las siete y media, ¿cómo podía ser que estuvieran ya en la última canción? La respuesta había que encontrarla en los cambios a última hora que suele haber si las salas quieren adelantar sus sesiones de discoteca. En ningún sitio se había avisado de nada, y como yo fueron varios los que se perdieron a Nahemah. A pesar de todo al parecer tocaron unos míseros 20 minutos, así que tampoco nos perdimos mucho por cantidad, sin embargo, por lo que pude entresacar de una sola canción, sí que lo hicimos en cuestiones de calidad. Nota mental: escuchar a Nahemah.

A las ocho los noruegos de Leprous ya estaban sobre el escenario con su novedosa puesta en escena. Los cinco integrantes del grupo iban conjuntados, vestidos con ropas que remarcaban el rojo y el negro, con corbatas, camisas, chalecos y pajaritas. Daban una impresión más indie que otra cosa, pero nada más empezar el concierto Einar Solberg se encargó de disipar dudas. A pesar de tener la responsabilidad de los teclados, el cantante del grupo y sus rastas rubias se echaron a la espalda además la tarea de animar al público, haciendo el headbanging más salvaje que haya visto sobre un escenario. El tío agitaba la cabeza con tanta fuerza que creía que se iba a abrir la frente contra los teclados en cualquier momento. Se inclinaba tanto a la hora de bajar que ponía la cabeza entre las rodillas. A toda velocidad. Mientras tocaba los teclados, sin saltarse una nota. Una locura.

Leprous hace progresivo, pero sus temas más cañeros tienen tanta fuerza, son tan directos, que en muchas ocasiones aquello parece industrial. Los tíos son bastante capaces en sus tareas pero no subrogan la canción a su virtuosismo como hacen muchos en la escuela Dream Theater. Para Leprous lo importante es la creación de atmósferas, las emociones, lo que vertebra una canción. Se comportan como un todo, muchas veces acercándose al Wall of Sound para provocar una experiencia conjunta, única, ya sea calmada y contemplativa como en Mb. Indifferentia o la implosión cósmica de Waste of Air. Este tema de cinco minutos fue el súmmum. No tengo otra manera de describirlo. Me acordé de los momentos más bestiales de Mogwai, esa enajenación que te absorbe por completo y te funde los plomos del cortex cerebral, subiendo el input eléctrico de tus conexiones neuronales al standard de Nikola Tesla. Terminaron con Forced Entry, tema de diez minutos que resume a la perfección su último disco, el tercero de su carrera y que nos presentaron con orgullo en aquellos 40 minutos que se hicieron escasos. Cuando unos teloneros consiguen que no quieras ya ver al grupo principal si eso significara seguir con ellos es que lo han hecho de puta madre.

Pese a que nos habían metido mucha prisa, Amorphis se tomó sus buenos tres cuartos de hora antes de salir. A excepción de un pie de micrófono muy pintoresco, con válvulas, muelles y óxido incluidos, los fineses no utilizaron ninguna parafernalia. Sonó la melodía de Battle For Light a modo de intro orquestal y fueron saliendo para dar rienda suelta al Song of the Sage.

El nuevo disco de Amorphis, décimo en su dilatada carrera, adolece de una crisis de identidad. No hay absolutamente nada que no hayan hecho antes y mejor. Con Skyforger cerraron una etapa, llegando a la cumbre de la “trilogía Joutsen”. Al año siguiente sacaron una recopilación de temas de sus primeros discos, su etapa death, y los regrabaron con Joutsen. Y este año han sacado este The Beginning of Times que es una especie de mezcla de todo lo que han hecho hasta ahora: melodías pegadizas con una base de piano, riffs épicos, voces limpias y death growls. El problema es que ninguna melodía es muy pegadiza, ningún riff muy épico y Joutsen, siendo tan bueno como es, tampoco puede hacer milagros. Y en este tour han hecho lo mismo, tirando por la calle del medio con un setlist anodino y poco acertado, con un gran énfasis en el recopilatorio.

Los fineses estuvieron correctos, pero si no llega a ser por Joutsen hubieran fallado miserablemente. Esa Holopainen es uno de los guitarristas más sosos que haya visto nunca. El tío ni siquiera movía la cabeza y se pasaba la mayor parte del tiempo de lado, pasando del público, como si no estuviera allí. Cuando hicieron la cover del infame “Pussy” de Rammstein (el tema más asqueroso de un grupo sobrevalorado) a modo de intro no me lo podía creer. No podía entender como eran capaces de no tocar ni una sola canción del maravilloso Silent Waters y dedicarle un minuto a una de un grupo claramente inferior.

Tras doce canciones se fueron y volvieron para los tradicionales bises. Sonó la intro de Skyforger y me emocioné recordando la gran canción que es pero sabiendo de antemano que iban a tirar por el single de Silver Bride, una canción que considero la hermana menor de Skyforger, aunque muy buena. Siguieron con My Kantele, en la que Esa tuvo a disposición durante unos segundos un kantele eléctrico, algo que se quedó más en una curiosidad que en otra cosa dado el poco uso que le dio. Dieron por finalizado el concierto con House of Sleep, un temazo indiscutible del primer trabajo tras el renacimiento de Amorphis y el advenimiento de Joutsen.

Los fineses no habían llegado a la hora y media en total y se habían dejado muchas canciones en el tintero. Es una opinión muy personal, pero reconozco que el setlist me dejó  algo frío. Pero aun así fue una gran noche por varias razones. Una sala impresionante, con un gran ambiente y nada de agobios. Unos teloneros mayúsculos. Un tío con rastas por las rodillas que a la hora de hacer el molinillo creaba unas aspas asesinas de dos metros de diámetro. Descomunal Joutsen.

Crónica del concierto de Ulver

El viernes 18 de noviembre cayó sobre Madrid una tromba que en muy pocos minutos consiguió hacer estragos en el defectuoso alcantarillado de la Complutense. Respondiendo a una llamada de emergencia me vi sumergido hasta los tobillos en agua negra, achicando con todas mis fuerzas para salvar a un ciclotrón nuclear de una muerte segura y a una empresa familiar de la ruina. Tras dos horas de considerable esfuerzo y contar con refuerzos improvisados de amplia generosidad la situación se controló y pude dirigirme a la sala Caracol a disfrutar del concierto de los noruegos.

Las puertas abrían a las nueve pero no llegué hasta cuarenta y cinco minutos más tarde, con un par de lagos en mis zapatos y temiendo haberme perdido la actuación de los teloneros. No lo hice. Por una razón muy sencilla. No hubo teloneros. Era solo Ulver. Uno podía estimar que siendo así y habiendo pagado 28 euros por la entrada era de esperar un concierto bastante largo, de unas dos horas. Teniendo en cuenta que la banda no había girado en más de una década había gente que tenía esa esperanza. Tan vana como que tocaran el Nattens Madrigal. Allí cada uno se engañaba con lo que quería

Poco más tarde de las diez se abrió el telón y aparecieron sobre el escenario en la distribución más extraña que haya visto. El batería estaba escondido a la derecha, completamente de lado. Los otros tres miembros de la banda estaban dispuestos de tal manera que formaban un triángulo, cada uno en su estación de sonido. El “nuevo” Daniel O’Sullivan apareció de pie con el bajo, con una guitarra a un lado, un teclado enfrente y un portátil para samples. Tore Ylwizaker controlaba dos teclados a la vez y un portátil. Garm apareció con un micrófono, un ordenador para samples y un par de auriculares diferentes. Detrás de todos una chica y un chico estaban sobre una mesa con sendos ordenadores. En total acerté a ver cinco portátiles sobre el escenario. Todo un record.

Dieron el pistoletazo de salida con February MMX sin decir una palabra y continuaron con la siniestra Norwegian Gothic, England y September IV. Al fondo iban proyectando imágenes psicodélicas que se iban volviendo cada vez más y más extrañas. El cúlmen llegó con For the Love of God, en la que mezclaron imágenes de Crucificados con porno explícito de los años treinta, bombas nucleares, vacas siendo ordeñadas por máquinas, gente cortándole la lengua a una persona… Una experiencia indescriptible.

Tras ocho canciones y cincuenta minutos se fueron, dejando a muchos de piedra. Los habituales silbidos los trajeron de vuelta para tocar la mencionada For the Love of God y el que seguramente fue el momento de la noche, Little Blue Bird y Rock Massif, con una orquestación monumental que te sobrecogía entero. Tras una cover de un grupo de los 60 llamado The Troggs Garm anunció que ya había llegado su hora de dormir. Y se fueron. La gente volvió a silbar muchísimo y los tíos se dignaron a salir para obsequiarnos la onírica Eos, de su anterior trabajo Shadows of the Sun. Es una canción tan tranquila que se podría denominar Chill-out. Una nana perfecta para irse a dormir, ¿eh Garm?

Y eso fue todo. En total 80 minutos de música rara y trece canciones. A cambio de 28 euros. El nivel de calidad fue bastante alto por ese precio o te traes a unos buenos teloneros o te estiras y tocas un par de horas. No hicieron ninguna de las dos cosas y para mí es imposible estar satisfecho con su actuación. Eran la primera vez que tocaban en España y a Ulver hay que verlos aunque sea una vez en la vida. Pero eso, una vez y no más.

A la salida pillé por banda a Daniel O’Sullivan y le hice saber mi enfado. El tío me respondió que normalmente solo tocaban 50 minutos y ya, así que me debía sentir afortunado.

Son buenos, pero tienen unos cojones tan grandes que seguramente tienen que llevar un autobús adicional para transportarlos.

Crónica del concierto Orphaned Land + Arkan + Myrath

El día 13 de noviembre desembarcó en Madrid el autodenominado Oriental Metal Tour con la banda creadora del apócrifo subgénero y dos de sus más aplicados discípulos. Para ello eligieron la Sala Ramdall, lugar de infame memoria desde que acudí con toda la ilusión del mundo a ver el concierto de Katatonia en marzo de 2010. El lugar en cuestión es una discoteca que no está en absoluto acondicionada para eventos de este tipo: techo plano a tres metros, acústica horrible, un chiste de escenario a treinta centímetros del suelo y poco aforo.

De todas formas formas a las siete y media se subieron los componentes de Artweg, un grupo de hardcore francés que no tenía absolutamente nada en común con los demás grupos. Apoyado en la pared de atrás del todo aguanté los veinte minutos de una actuación inmunda que me niego a detallar aquí.

A las ocho sin embargo las cosas dieron un vuelco total con la entrada de Myrath, un grupo progresivo de Túnez con unas influencias árabes más que evidentes. Ya desde la primera canción demostraron su buen hacer, su profesionalidad y el gran atractivo de Zaher Zorgati, el cantante con alma de estrella. Tocaron muchas de las canciones de su último disco, Tales of the Sands, y con ellos nos internamos en una tormenta de arena mística para salir en un mundo de fantasía con interminables desiertos, palacios majestuosos, batallas épicas, jardines colgantes, bellas princesas, djinns y duelos con cimitarras al alba. No se me ocurre mejor forma de describir a este grupo que “Prince of Persia Metal”.

Su actuación fue sobresaliente. La importancia de los teclados es esencial y gracias a Elyes Bouchoucha este aspecto quedó tan bien como en el estudio. Cada capa de sonido, cada línea de guitarra, cada timbre exótico se percibía con total claridad. Y luego está Zaher, que con su enorme voz y su desparpajo consiguió ganarse a la audiencia, un poco reacia a dejarse cautivar por un “moro”. Fue el primer concierto de metal en que he visto al público gritando enfervorizada “guapo, guapo” al cantante y este dejarse querer, sonriendo a todo el mundo sin parar.

Tras 45 minutos mágicos se bajaron para dejar paso a Arkan, una banda francesa que hunde sus raíces en el Magreb africano. Su death metal abrasivo con influencias orientales se apoya en los bramidos de Florent Jannier  y la belleza de Sarah Laysacc, una preciosa chica capaz de aportar ese toque exótico y delicado al grupo. Me sorprendí al verla subir al escenario con el grupo, ataviada con un vestido tradicional, blanco y lleno de filigranas. Distribuyeron su repertorio con sus dos discos hasta el momento, Hilal y Salam. Triunfaron claramente al dar vida a su propuesta, fusionando el metal extremo con la exótica tradición árabe en una conjunción rompedora. No podía salir de mi asombro cuando Sarah nos llamó a bailar por la paz y tanto ella sobre el escenario como la audiencia en la pista, todos, nos lanzamos a hacerlo. Bailar. En un concierto de death metal. Digno de verse.

No llegaron a los tres cuartos de hora cuando dieron por terminada su actuación y dejaron paso a Orphaned Land. Los israelíes subieron a las diez puntuales, ante una expectación enorme generada por las doscientas personas que estaríamos allí.  Basándose en sus dos obras maestras más recientes, Mabool y The NeverEnding Way of ORwarriOR, ofrecieron un concierto de hora y media en la demostraron que en lo suyo son los mejores. De todas formas cometieron un fallo garrafal, y fue el sonido que quisieron imprimir al concierto, sin tener en cuenta las características de la sala, un sonido que había estado muy aceptable a pesar de todo durante las actuaciones de Myrath y Arkan. El ingeniero subió el volumen de todo de forma considerable, supongo para resaltar a Orphaned Land como cabeza de cartel, y lo que provocó fue que las vibraciones rebotaran en ese techo bajo y plano y llegaran distorsionadas y a un nivel en el límite de lo soportable. Una cagada en toda regla.

Empezaron el concierto con temas bastante duros como Halo Dies (The Wrath of God) o Barakah, donde Kobi Fahri resaltó su faceta más brutal. La visión era digna de enmarcar. Un tío con pintas de Jesucristo ataviado con una túnica blanca como en el siglo I, un rosario islámico al cuello, idénticas pelambreras y unas sandalias en los pies rugiendo como un demonio la sagrada Ira de Dios. Éxtasis místico asegurado.

Tras su single Sapari se metieron en la parte central del concierto, reservada para sus temas más progresivos como From Broken Vessels, The Path (Part 1) y The Warrior. Me quedé encandilado con la maestría y el virtuosismo de Yossi Sassi, un guitarrista experto en solos llenos de profundidad y emoción. Tras In Thy Neverending Way (Epilogue) se retiraron para volver para un encore tranquilo, con su gran balada The Beloved’s Cry y el gran solo de The Storm Still Rages Inside. Para despedirse definitivamente buscaron la colaboración del público para cantar Norra el Norra. Kobi nos lo indicó y todos cantamos con él. En hebreo. Y en árabe.

Nora El Nora, ne’ezar begvura shuvi elay malki
Dodi refa, nafshi nichsefa, lebeitach malchi
Nora El Nora, ne’ezar begvura

Salí reventado tras cuatro horas de música pero contento de haber asistido a semejante espectáculo. Muy de vez en cuando se tiene la posibilidad de ver en la misma noche a tres bandas de semejante calibre. La pena fue el lugar elegido. A ver si este Oriental Metal Tour se instaura en tradición y el año que viene vuelven a recorrer Europa expandiendo el mensaje de paz que proclama Kobi “Judíos, musulmanes y cristianos en el mismo autobús, compartiendo el pan y la música durante un mes. Todos somos una familia. Todos somos uno”.

Vayamos juntos a la Tierra Prometida, a traer nuestra paz a la tierra de la guerra interminable, a la tierra que mana leche y miel. La Tierra Huérfana.

We are the Terrorists of Light.