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Tenemos que hablar de Kevin

Las relaciones materno-filiales siempre han estado rodeadas de cierta aura sagrada. ¿Hay algo más incondicional que el amor de una madre? En casi todas las culturas se pone de ejemplo como el amor más puro que existe, tanto que se ha convertido en un cliché, porque las relaciones entre madres e hijos son mucho más complicadas de lo que la sociedad nos hace creer.

Lionel Shriver no se amedrenta a la hora de tratar un tema difícil, brutal y desgarrador en su concepto básico. Pero era necesario que alguien sacara el tema a la palestra. Lo que es seguro es que una vez hecho hablaremos de Kevin durante años.

Eva Katchadourian es una mujer libre, autónoma, independiente. Cuando cerca de los cuarenta decide tener un hijo en un momento de reflexión sobre la mortalidad de su marido, lo hace con una fe sólida en que la experiencia de la maternidad consiga ahuyentar sus recelos. Sin embargo, ya desde el principio se siente secuestrada por el ser que se nutre y forma dentro de ella. Y cuando nace Kevin es el típico niño difícil que no deja de llorar nunca, que no quiere comer y que no parece tener ningún aprecio por su madre. Conforme vaya creciendo Eva se irá convenciendo de que algo no va bien con Kevin, que aun siendo un niño cuenta con una naturaleza intrínsecamente malvada. Una persona de la que puede hablar, pero a la que nunca ha podido querer.

Presentada en forma de novela epistolar, el libro de Shriver nos mete en la piel de Eva, en sus reflexiones más profundas mientras trata de recomponer las piezas de una tragedia a la que ya desde el principio sabemos que la historia está abocada. ¿Es el hombre un ser malvado por naturaleza? ¿Puede un niño demostrar un talento genuino a la hora de ejercer el mal? ¿Travesura inconsciente o maldad premeditada? Shriver pone sobre la mesa todas estas preguntas y aún más en la búsqueda de una explicación a la sinrazón de la barbarie.

A pesar de la estructura epistolar del libro, la narración toma un ritmo de thriller ya desde un primer momento, reventando los cánones del género en el proceso. Aquí ya sabemos desde el principio quién es el asesino. A la autora le interesa el porqué. Y a aún así se las arregla para guardar unas sorpresas que dejan al lector sin aliento, absolutamente horrorizado. El libro no se explaya en detalles escabrosos, pero posee una violencia psicológica y emocional enorme. Eva nos lleva de la mano a lo largo de toda su pesadilla infernal. Nos identificamos con ella y sufrimos en sus carnes todo el derroche de maldad explícita de la que solo el ser humano es capaz.

El libro ganó de forma merecida el premio Orange en 2003. En el festival de Cannes del año pasado se estrenó la película, protagonizada por una Tilda Swinton magistral. El film recoge la esencia del libro y añade unos elementos propios del medio audiovisual que refuerzan la connotación de profunda violencia que posee la historia, huyendo siempre de la escabrosidad gráfica.

Todo el mundo debería hablar de Kevin

Crítica En la Frontera – Cormac McCarthy

Muy de vez en cuando en la historia de la literatura surgen autores cuyas letras contienen la verdad esencial del mundo, la vida y la muerte, Dios y el destino último de los hombres. Cormac McCarthy pertenece a esta raza de hombres que a lo largo de una vida entera llegan a mirar al corazón de todas las cosas y a través de sus libros nos hacen partícipes de esa visión de valor incalculable que no podemos llegar a apreciar en su justa medida pero que, de alguna forma misteriosa, acertamos a vislumbrar entre fogonazos de conocimiento preclaro. En la Frontera es una novela de formación destinada a hacer supurar de la faz de la tierra las grandes preguntas que siempre han estado allí pero que han sido enterradas por los residuos de una vida moderna, animalesca en sus pretensiones, capaz de desdecir nuestra verdadera naturaleza de seres racionales, seres cuya esencia misma subyace en esas preguntas que salieron con nosotros de la matriz primordial, a las que conocimos una vez mejor que a nuestros propios cuerpos pero que ahora permanecen ignotas.

Billy Parham es un joven de dieciséis años que vive con sus padres y su hermano Boyd en el rancho familiar a finales de los años 30. Una loba proveniente de México se interna en las montañas haciendo estragos entre el ganado, y Billy y su padre tratarán de darle caza. Tras sembrar de trampas durante días los campos, Billy dará por fin con la loba en cuestión, pero en vez de darle muerte, subyuga al animal e inicia un viaje a México para devolverla a su hábitat natural. El contacto con la violencia de la vida salvaje, la dureza del camino, los hombres sin ley, los despojos de revoluciones fallidas y la verdad oculta del mundo cambiarán a Billy para siempre.

McCarthy es un escritor atípico. Su experiencia no procede de la literatura sino de la vida misma y el corazón de los hombres. En sus libros no se pueden encontrar influencias literarias claras. Sus palabras surgen del corazón del mundo, impregnadas con la sangre caliente de sus venas abiertas de las que mana sin cesar hacia todos los afluentes de la tierra. McCarthy es consciente de que las letras son un invento del hombre hecho para servir al hombre. Somete el lenguaje a su voluntad y hace con él lo que quiere, algo que solo está reservado a los más grandes. No utiliza rayas de diálogo, coloca los signos de puntuación como le apetece, hace uso del polisíndeton sin ningún tipo de rubor… De esta forma da luz a un estilo muy específico, inconfundible, unido de forma inseparable a la identidad esencial de sus relatos, de sus personajes.

Es profundamente descriptivo, utilizando un lenguaje que destaca por su precisión. Se detiene a menudo en pasajes aparentemente prosaicos: ensillar un caballo, colocar trampas, cocinar el rancho, desollar un animal… Y de pronto, como venido de ningún lado, suelta unas apreciaciones filosóficas que acongojan por su profundidad. Los personajes del libro parecen ser hombres mundanos, sencillos y sin muchas preocupaciones, y sin embargo no dejan de sorprender. Expresan con un lenguaje plano y sencillo las verdades ocultas de las cosas, verdades tan complejas que parecen tener reservado un idioma propio, y a pesar de todo esos personajes consiguen traducirlo, con toda su esencia, toda su profundidad y todas sus consecuencias.

En la Frontera es una novela de formación que en poco más de 400 páginas es capaz de contener verdades que hablan a un hombre a lo largo de toda su vida. Su contenido parece inabarcable tras una primera lectura, y en cierta manera lo es. Al hablarnos de la vida sus páginas cobran sentido conforme vamos envejeciendo. Por ello se erige como una de esas pocas novelas definitivas, de obligado retorno a lo largo de los años, que hace de puente entre el corazón del mundo y el de cada uno de nosotros, y que debemos tomar para hallar respuesta a las preguntas que se fraguaron en el mismo líquido amniótico que nosotros.

“Ciervos y liebres y palomas y campañoles, todos abundantemente inscritos en el aire para su deleite, todas las naciones del mundo dispuestas por Dios y de las cuales ella era una más e inseparable. Por donde ella corría los gritos de los coyotes cesaban de golpe, como si una puerta se hubiera cerrado sobre ellos y todo fuese miedo y asombro. Levantó de la hojarascas la rígida cabeza de la loba y la sostuvo entre sus manos o hizo ademán de asir lo inasible, lo que corría ya entre las montañas, terrible y bellísimo a un tiempo, como las flores que se alimentan de carne. Eso de que están hechos la sangre y los huesos pero que no puede formarse por sí solo en un altar ni por herida alguna de guerra. Lo que sin duda podemos creer que tiene la facultad de cortar y moldear y ahuecar la negra forma del mundo del mismo modo que lo hacen el viento o la lluvia. Pero lo que no puede cogerse nunca ha de ser cogido, y no es una flor sino que es veloz y ligera y cazadora y el viento la teme y el mundo no puede quedarse sin ella.”


Crítica Middlesex – Jeffrey Eugenides

“Nací dos veces: fui niña primero, en un increíble día sin niebla tóxica en Detroit, en enero de 1960; y chico después, en una sala de urgencias cerca de Petoskey, Michigan, en agosto de 1974.”

Este es el comienzo magistral de la segunda novela de Jeffrey Eugenides, Middlesex, ganadora del premio Pulitzer 2003. Si he tardado tanto en publicar una crítica literaria es porque solo escribo de libros que me acabo de leer, y esta saga familiar sobre el síndrome de deficiencia 5-alfa-reductasa ronda las 700 páginas, así que me ha llevado un poco más de tiempo del habitual. De todas formas hasta la última coma se hace preciosa en este relato que conjuga lo mejor de la narrativa contemporánea con las grandes historias románticas de finales del XIX.

La historia empieza en 1922, en un pueblo de la actual Turquía, cuando dos hermanos, Lefty y Desdémona, deciden irse al Nuevo Mundo y probar suerte entre las miríadas de inmigrantes. Lo que no es tan común es que además de amor fraternal los dos comparten una pasión prohibida, y gracias a sus capacidades de actuación y a la intervención del capitán del barco, desembarcan en la isla de Ellis como marido y mujer, dando paso a una mutación que no se haría patente hasta dos generaciones después, en la figura de su nieta, Calíope Stephanides.

La novela se divide en cuatro libros bien diferenciados que centran su atención respectivamente en diferentes personajes: la historia de sus abuelos, la de sus padres, la infancia y pubertad de Calíope y, finalmente, cuando y Cal se da de frente con la terca realidad de sus genitales y su identidad sexual.

Uno podría pensar que con temas tan espinosos y difíciles como el incesto, el hermafroditismo, la intersexualidad, los liberales años 60, etc la prosa podría resultar muy dura y descarnada, violenta. Nada más lejos de la realidad. Es ahí donde Eugenides recoge toda la tradición decimonónica para dotarle al relato de una elegancia supina donde prefiere jugar con la insinuación y el mundo de lo implícito como si una Jane Austen del siglo XXI se tratara. Evidentemente el tema es complejo, y el narrador, el propio Cal, expone de forma clínica su condición para iluminar al lector con una realidad a la que muy probablemente sea ajeno. Pero nunca se hace desagradable, incluso en las secciones más sórdidas hacia el final de la novela.

Eugenides hace una comparación muy acertada entre Cal y Tiresias, el gran adivino de las tragedias griegas. Es un gran mecanismo que evoca el gran drama que subyace debajo de todo el personaje que no es ni chico ni chica, y en cierta manera ambas cosas a la vez, y que va narrando la historia desde su posición dominante, un futuro donde trabaja para el Ministerio de Asuntos Exteriores y ha rehecho su vida como hombre. El retrato psicológico que hace el autor es una tarea monumental de la que sale victorioso. En nuestra infancia y pubertad todos hemos tenido complejos con los que lidiar mientras crecíamos en medio de nuestros semejantes. Eugenides consigue tocar esa fibra dentro de nosotros que creíamos olvidada para hacernos sentir los miedos y dudas de Cal: cuando hace malabarismos en los vestuarios para no quedarse nunca desnuda, cuando se palpa continuamente los pechos buscando algo que ni está ni va a estar, cuando a todas sus compañeras del colegio les va llegando el período menos a ella, y ante la mirada preocupada de su propia madre no se le ocurre otra cosa que fingirlo.

A pesar de todas las situaciones difíciles por las que transcurre la historia de Cal, el tono general de la novela es muy optimista, con un toque humorístico muy conseguido que siembra de luz una situación tan oscurecida. En este sentido Middlesex no tiene nada que ver con la primera novela de Eugenides, Las vírgenes suicidas. Aquella historia sobre las trágicas consecuencias de la represión sexual en la familia de cinco hermanas te dejaba completamente devastado. Cal sin embargo atraviesa la oscuridad primordial y la sordidez de los ambientes marginales para renacer cual ave fénix, con la cabeza bien alta y dispuesto a vivir en nuestro mundo a pesar de sus particularidades.

Eugenides tardó nueve años en escribir esta novela, y es algo que se nota. El texto está tan trabajado que funciona a la perfección, con una estructura magistral que va administrando los tiempos como nadie, con un estilo definido que recoge toda una tradición literaria en la que él se ha formado, con un trabajo de documentación apabullante. El autor consigue una novela con múltiples matices y puntos de vista. Es una saga familiar, es la historia del sueño americano, es una novela sentimental, es una crónica de medio siglo XX en el Medio-Oeste estadounidense, es un relato de búsqueda y aceptación, de madurez, de identidad sexual y de identidad a secas, identidad total. Es todo esto y mucho más. Es una novela magistral. Un premio Pulitzer.

Os recomiendo de paso una película que trata sobre un tema bastante parecido, no igual, y que hizo que Hillary Swank ganara su primer Oscar. Es bastante fuerte pero merece mucho la pena.

Crítica Cosas que debes saber – A.M. Homes

A. M. Homes es una de las escritoras de la nueva narrativa norteamericana que más me ha influido en cuestiones de estilo. Es muy directa, seca e incisiva. Va al grano con frases cortas. Su escritura está muy concentrada. Nunca deambula por pasajes gratuitos. Homes tiene un gran respeto por el lector y no le obliga a perder el tiempo obligándole a tragar con cientos de páginas de paja. Si Homes escribe algo es que merece la pena. Y su colección de relatos recogida bajo el nombre de Cosas que debes saber merece la pena.

El libro está compuesto por once relatos de diferente extensión que varían considerablemente en cuestión de personajes, situaciones y hasta registros. Componer una serie de relatos con la profesionalidad con la que lo hace Homes lleva bastante tiempo, así que el lector con buen ojo podrá ver diferencias curiosas en cuestiones de estilo entre uno y otro. Hay unos mejores que otros y la homogeneidad es imposible pero absolutamente todos tienen algo que aportar.

Los personajes que interesan a Homes están sacados de la realidad norteamericana posmoderna. Así en La lección china nos encontramos con un matrimonio desencantado entre un hombre bondadoso con una mujer de descendencia china que reniega de sus orígenes y está obsesionada con mantener todo bajo control. En Georgica una mujer joven que a duras penas ha salido de un accidente de coche provocado por su prometido acecha a las parejas de los socorristas cuando cae la noche en la playa. Armada con prismáticos y gafas de visión nocturna vigila durante el sexo al aire libre para, después de que los protagonistas se hayan ido, rescatar los condones usados y con el semen aún caliente intentar inseminarse, con una jeringa y reclinándose en los asientos del coche. En No molesten un hombre observa impotente cómo su mujer médico, tan profesional y fría que apenas parece humana, sufre el brutal asalto de un cáncer de ovarios que se le extiende por medio cuerpo.

Homes describe con dureza, sin pudor ni remilgos. Entra en la sangre y en la mierda con determinación y sin vacilar por un instante. Su precisión en el uso del lenguaje hace que sintamos el dolor y la sensación de pérdida cuando a uno de sus personajes le vacían el útero con brutalidad quirúrgica. Pero donde realmente acierta es en trasladar sentimientos por medio de lo que no se dice, por lo que queda implícito. Sus personajes están curtidos por la vida posmoderna, donde no hay tiempo ni lugar para el romanticismo, donde solo existen los hechos y cambiar de vida ni siquiera se plantea. Donde la vida te escupe a la cara una y otra vez y la única manera de sobrevivir es haciéndote más impermeable.

Pero no todo es dosis de realidad sin ningún tipo de esperanza en el horizonte. De vez en cuando Homes nos regala uno de sus momentos tiernos. En La ex primera dama y el héroe de fútbol americano nos narra el declive del matrimonio Reagan, sumergido él en un Alzheimer galopante y a ella volcada en cuidarle. El uso que la autora hace del humor es tan afilado como sus descripciones psíquicas.

La gran frustración de los personajes de Homes viene del hecho de que los que sí se preocupan por los demás no pueden expresar ese cariño, esa amabilidad. No les dejan amar. El marido se compadece de su mujer con cáncer pero ella no puede dejar de despreciarle por esos mismos sentimientos de compasión.

“ – ¿Quieres hacer el amor?

– ¿Quieres decir por última vez, antes de que ya no sea una mujer, antes de que no sea más que una vieja cáscara seca?

[…]

No voy a poder dejar a una mujer que tiene cáncer. No soy el tipo de persona que deja a una mujer con cáncer, pero no sé qué hacer cuando la mujer con cáncer es una puta. Uno esperaría que el cáncer la hiciera reflexionar, que lo viera como una oportunidad, como una señal para cambiar. Para ella no existe una relación entre el cuerpo y el alma; existe la ciencia y existe la ley. Solo hay hechos, y todo lo demás es mierda”

No molesten, A.M. Homes

Cosas que debes saber, Anagrama

http://www.anagrama-ed.es/titulo/PN_621