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El tercer disco de estudio de Alcest salió a la venta este febrero con unas dosis de expectación pocas veces vistas en en el mundo del black metal. Por definición, el black metal no es un género de masas, sino que más bien se ciñe a un entorno underground de seguidores acérrimos, capaces de defender con su sangre la honestidad y valía suprema del mismo. Es un medio exageradamente conservador, donde por principio se desconfía de todo lo que no contenga los ingredientes marca de la casa:blast-beats, distorsión extrema, riffs afilados como cuchillas y voces agónicas ininteligibles, preferiblemente en una lengua incompresible de raíz escandinava.

Alcest superó casi desde el primer momento esa visión limitada para abrazar un sonido mucho más ecléctico, fusionando con valentía a tribus urbanas aparentemente opuestas. Y visto el éxito arrollador que ha tenido Neige, girando por todo el mundo sin parar, podemos decir, sin temor a equivocarnos, que ha triunfado en su empeño. Sus conciertos son una amalgama extraña en la que se mezclan indies y alternativos, atraídos por el post-rock y el shoegaze, y heavies de pro, en busca de su dosis de riffs, blast-beats y voces agónicas. Y todos salen satisfechos.

A pesar de la naturaleza extrema que se puede encontrar en la raíz de Alcest, Neige compone una música muy accesible. Esto se debe por entero a la intención contemplativa con la que el músico francés dota a sus composiciones, buscando iniciarnos en un maravilloso viaje por paisajes de ensueño. Una realidad paralela llena de magia primordial y misterios entrañables. ¿A quién no le atrae semejante planteamiento? Para disfrutar de Alcest tan solo se necesita una mente abierta y compartir su visión escapista. El resto viene a continuación. La distorsión, las voces black, la percursión acelerada. Todo, tarde o temprano, hace click y cumple su función en ese gran panorama onírico. Porque la música de Neige tiene mucho que ver con las artes plásticas.

Veo a Alcest como el heredero y el último eslabón de una tradición musical impresionista. Es el Debussy del siglo XXI, pintando claros de luna con distorsión y electricidad. Los medios cambian pero la intención y el fin son los mismos: adentrarse en las profundidades de nuestra imaginación y sembrar visiones de luz. Luz apacible, luz violenta. Luz cálida, luz fría. Luz interna, luz externa. Luz llena de contenido. Luz repleta de pasión. Luz mágica. Luz.

Les Voyages De L’Âme. Los viajes del alma. Las travesías que nuestro espíritu acomete una vez nuestro cuerpo cae rendido al sueño. Los viaje astrales en los que trascendemos la realidad inmanente que nos sofoca y nos ahoga en el día a día. Los viajes al pasado, al sagrado mundo de nuestra primera infancia, al mundo que dejamos atrás al perder la inocencia y al que jamás volveremos de otra forma. Los viajes al caleidoscopio primigenio, la paleta de colores en la sumergimos nuestros corazones y pintamos en el firmamento infinito nuestra verdadera patria. Somos creadores de mundos. Feudos en los que reconocemos las facciones de nuestro hogar, nuestra esencia viva, las escamas de la luna sobre un lago a medianoche.
9/10

Crónica del festival Madrid is the Dark III (parte 4)

Primordial volvía después de la buena experiencia del año pasado y había muchas ganas de volverlos a ver. En el 2010 tuve el primer contacto en directo con esta banda irlandesa y no pude quedar más satisfecho e impresionado, así que las expectativas estaban por las nubes. Tras solucionar algunos problemas con el equipo, la banda empezó a tocar los primeros acordes de No Grave Deep Enough. Y cuando la canción rompió con el riff monolítico correspondiente marca de la casa volvió a hacer acto de presencia el sacerdote chamánico Nemtheanga. Vestido con una camiseta de tirantes hecha harapos y con la piel blanca pintada con las pinturas de guerra celtas y rastros de sangre por toda su cabeza afeitada. Las primeras filas estallamos en saltos y en un headbanging salvaje, respondiendo a las consignas del sumo sacerdote. Cuando terminó el primer tema, Alan presentó a la banda con su habitual “We are Primordial and we come from the Republic of Ireland” y presentó la siguiente canción del disco, Lain to the Wolf. Siguió con Bloodied Yet Unbowed y dio por presentado el disco Redepemtion at the Puritan’s Hand que habían sacado unos meses antes y cuyas temas se perdieron la cita del año anterior.

Primordial es una banda con un sonido increíble, pero cuando actúan en directo todo cambia. La interpretación de Alan Averill es el 50% de Primordial. Sus expresiones, sus gestos, su teatralidad. Nadie vive la música de Primordial como él, y es capaz de contagiar a todo el público con su entusiasmo. Se mete de lleno en su papel y encandila a todo el mundo. Es el maestro de ceremonias y todo el público obedece sus órdenes. Volvieron a repasar los clásicos As Rome Burns y The Coffin Ships, manejando los in crescendos con maestría. Cuando la furia por fin se desasta y Nemtheanga hace ademán de cortarse el cuello y las venas, cuando coge una escopeta imaginaria y apunta al público para luego ponérsela bajo la barbilla y volarse los sesos… Es todo tan intenso que un escalofrío te recorre la espalda y te vuelve loco.

De todas formas algo iba mal. Nemtheanga hablaba con los miembros del grupo entre canciones y parecía muy enfadado. Cuando llegó el momento de despedirse con la antológica Empires Fall se dirigió a la audiencia. “We’ve been cut. We are sorry”. Había que terminar a las 12, y Katatonia eran intocables, así que tuvieron que pringar los irlandeses. Todo por culpa de los putos Asphyx.

Katatonia venía al festival como cabezas de cartel y en teoría manejando el sonido más suave de todas las bandas. A simple vista podrían parecer algo fuera de lugar en un festival de metal extremo dado que no tocan nada de su material antiguo. Pero es que Katatonia en directo no se adhieren a la fórmula melancólica que rezuma en sus discos, sino que apuestan por erigirse en una banda de metal de pleno derecho. La vez que los vi en la Sala Ramdall a principios del 2010 fue uno de los peores conciertos a los que he ido. Salí muy decepcionado, básicamente porque me esperaba otra cosa. Aquel día en cambio me llevé una grata sorpresa.

Empezaron con la opener de su último disco, Forsaker y siguieron con Deliberation antes de volver a Soil’s Song. Continuaron con un repertorio en el que se ciñeron a sus últimos cuatro discos excepto en For My Demons, del Tonight’s Decision. Katatonia es una de mis bandas favoritas y esos discos son los que he escuchado con interés, así que el setlist me pareció perfecto. Nos regalaron alguna rareza como Wait Outside de las sesiones del Viva Emptiness, pero en general fueron a lo seguro, dando un concierto muy inteligente y equilibrado. El sonido de la Penélope estaba muy por encima del de aquella vez en la Ramdall y el grupo mantuvo mi atención hasta el final a pesar de que estaba exhausto y me maldecía por estar perdiéndome el Clásico.

En hora y cuarto les dio tiempo para tocar 14 canciones, terminando con Leaders. Nos felicitaron por el festival tan bueno que teníamos y se fueron. Con el doble asalto yo había dado por finiquitada la temporada de conciertos y lo único que quería era descansar y dormir doce horas seguidas.

En definitiva, el festival de este año era tan ambicioso que consiguió erigirse como uno de los mejores de Europa en el metal extremo. Los continuos problemas con las diferentes salas estuvieron a punto de mandarlo todo al traste y la organización acabó perdiendo dinero. De todas formas los promotores consiguieron sacarlo adelante cuando parecía que todo estaba abocado al fracaso y hay que darles la enhorabuena. La posible edición de 2012 debería guiarse por los parámetros de calidad en vez de cantidad. Dieciséis grupos en dos días en un recinto indoor es demasiado se mire por donde se mire. La idea de hacerlo durante el puente de la Inmaculada es magnífica, así que sería mejor aprovechar tres días en vez de tratar de meterlo todo en dos. Y quitar morralla. Hay algunos grupos que simplemente no merece la pena traerlos desde tan lejos. Daylight Dies y Mar de Grises no es que sean malos, pero no creo que valgan la pena para ocupar los puestos de más abajo. Skepticism y Ahab me parecieron una pérdida de tiempo y dinero. Y quizá se podría juntar los estilos en un mismo día, así el que quisiera doom no tendría que tragarse death o black, o viceversa.

Los mejores grupos del festival fueron Enslaved, Katatonia, Primordial y Ghost Brigade, siendo este último una sorpresa en toda regla. Si trabajan duro tienen la posibilidad de convertirse en unos imprescindibles en este tipo de eventos en muy poco tiempo.

Y así termina el especial de cuatro partes dedicado al Madrid is the Dark III. Se ha retrasado, pero espero que haya valido la pena.

Crónica del festival Madrid is the Dark III (parte 3)

El segundo día del festival comenzó con los alemanes Ophis, una banda que mezcla doom con black, en eso que algunos quieren etiquetar como depressive black metal o suicidal black metal y que a mí me parece una soberana gilipollez. La verdad es que a pesar de que se han llevado buenas críticas con el par de discos en su haber a mí no me dijeron nada. Los gritos del cantante se me hacían tan molestos como a cualquier fan de Rihanna y me sentí completamente al margen de toda la movida. Se me hicieron eternos. Luego descubrí que les habían extendido el setlist a todos los grupos por la ausencia de 40 Watt Sun.

Tras el mal trago de los alemanes volvieron los suecos de Isole, pero esta vez para deleitarnos con las composiciones de su proyecto paralelo, Ereb Altor. Al parecer crearon este proyecto para dar salida a su amor por Quorthon (el legendario frontman de Bathory) y las leyendas vikingas de su tierra. Aún hoy no puedo encontrar diferencias sustanciales en el sonido de los dos proyectos que justifiquen semejante separación. Pero me dio igual. Tocaron ese epic doom metal tan sobresaliente con el que se han labrado un pequeño nombre en la escena y sorprendieron con alguna obra maestra como Myrding. En ese tema la interpretación vocal roza la excelencia.

Los siguientes en subirse al escenario fueron los alemanes de Ahab, cuyo cantante había estado a mi lado hasta ese momento con sus enormes melenas rubias. Avisaron de que estaban jodidos de la garganta y que pasarían de las voces limpias, y acometieron temas de su último LP, The Divinity of Oceans. El sonido de Ahab (en honor del maníaco protagonista de la novela de Herman Melville) es descrito por sus integrantes como Nautical Funeral Doom. Nueva gilipollez al canto. El caso es que se dedican a hacer un sonido muy distorsionado, con una lentitud extrema y unos death grunts que están siempre en el tono más grave de todos. Sus composiciones son larguísimas, y las intercalan con sonidos de gaviotas y olas y alguna proyección de Moby Dick. El público estaba entusiasmado con ellos, llegando incluso un grupo de fans a sacar ballenas de plástico, pegarlas a un palo y agitarlas en el aire como si nadaran por la sala. El merchandising se agotó enseguida y los discos volaron. Yo, otra vez, me sentí por completo alienado.

Cuando por fin terminaron cambió de nuevo el tono como en el día anterior. El festival abandonó la senda doom para meterse en el death. Daylight Dies es una banda de death metal melódico de Estados Unidos, pero que tienen más cosas en común con las bandas de death/doom del viejo continente. Los conocía de oídas y su sonido, aunque agradable, me pareció bastante derivativo. Estaban un par de escalones por debajo de October Tide para poner un ejemplo, pero resultaron solventes y la audiencia pareció satisfecha.

Los siguientes fueron los brutal death de Asphyx. Esta banda holandesa lleva desde los años ochenta dando por saco. Fue el único grupo de todo el festival que de verdad me disgustó profundamente. No solo los gritos de Martin Van Drunen se me hacen insoportables, sino que su sonido se me hizo tan monótono, tan idéntico, que no podía esperar a que terminaran. Pero nunca lo hacían. Se vanaglorian de ser old school, así que hacen las cosas igual que cuando empezaron. Distorsiones extremas y más preocupados de dar caña que de hacer algo interesante. Se hicieron los sordos con el tiempo que tenían asignados y en vez de respetar los cincuenta minutos que les habían dado se quedaron hora y cuarto. Si entonces hubiera sabido las consecuencias que su gracia iba a ocasionar no hubiera tenido tanta paciencia.

Continuará…

Crónica del festival Madrid is the Dark III (parte 2)

Tras una breve pausa para cenar algo rápido volví a entrar para enfrentarme a los dinosaurios alemanes de Morgoth. Me coloqué a una distancia prudencial esta vez, sobre los escalones del fondo de la sala, ya que de alguna forma me temía lo que podría pasar. Efectivamente, estos death metalheads de la vieja escuela no saben hacerlo suave. Su brutal death metal es un hachazo directo a las cervicales. A 140 decibelios de distorsión extrema, en una sala pequeña, de techo bajo, con esos gigantes alemanes sobre el escenario, los flashes rapidísimos y el vozarrón de ultratumba de Marc Grewe, creí estar ante una visión infernal. Se formó un mosh pit violento en el centro de la sala y todo el mundo empezó a moverse como si estuviera atrapado en un torbellino que los succionara hacia abajo y luego los vomitara con odio. En un momento de locura metal un tipo enorme que rozaría el centenar de kilos traspasó las vallas de protección y se subió al escenario. La verdad es que Marc hizo un buen trabajo, controlando una situación potencialmente peligrosa con mucha profesionalidad y sin parar la actuación en ningún momento. La tralla del concierto fue tan exagerada que me dejaron exhaustos después de tan solo 50 minutos. Verlos en directo es una de esas cosas que hay que hacer al menos una vez en la vida.

Y así, siete horas después de internarnos en la oscuridad de la Penélope, nos dispusimos a darles la bienvenida al plato fuerte de la noche, los legendarios Enslaved. Este grupo seminal de black metal noruego no me había llamado nunca mucho la atención. Hasta que escuché su último disco. Axioma Ethica Odini es uno de los discos de la década, una colección de nueve canciones en la que los noruegos fusionan a la perfección toda la tradición black noruega con sus intereses progresivos y psicodélicos. Es un disco tan profundo que nunca te cansas de escucharlo, con todo tipo de progresiones, interludios melódicos, blastbeats exagerados y psicodelia contemplativa. Imprescindible.

Las expectativas eran estratosféricas. Me coloqué en las primeras filas y preparé la garganta para gritar con todas mis fuerzas. Sonó Axioma a modo de intro y se me erizó el vello de los brazos, previendo lo que iba a pasar a continuación. Salió el gigante de Grutle, el público estalló en vítores y empezó el riff monumental de Ethica Odini, la apertura del disco y una de las mejores canciones de toda la escena black. La complejidad instrumental de la canción es manifiesta, con líneas de guitarra entrecruzándose en el estribillo de una forma enajenante, con las voces limpias del teclista Larsen surcando veloces y el feroz rugido de Grutle acechando como la bestia que es. Y vuelta a la estrofa y ese riff monolítico capaz de derretir montañas. Es una melodía definitiva, explosiva y evocadora al mismo tiempo. Perfecta.

Tras saludar a la gente Grutle empezó a hablar sobre la rueda del tiempo y todos supimos que iban a abordar Raidho. El sonido en las primeras filas no era tan bueno como más atrás, pero todo fuera por ver de cerca de la bestia de Grutle exorcizando demonios de su garganta como si aquello fueran un mero paseo por el parque. Concedieron una buena parte del selist a su vena más progresiva, con canciones como Fussion of Sense and Earth, Ruun y Ground, que dedicaron a todas las féminas congregadas en la sala. Volvieron a su último trabajo para tocar la apisonadora Giants.

Tocaron una selección de lo más granado de su discografía reciente para luego tentarnos preguntando si queríamos algo de “old stuff”. Tras la respuesta entusiasta nos regalaron una versión impresionante de la archiconocida Inmigrant’s Song. Sonó de maravilla, rezumando Enslaved y black metal por todos los poros pero respetando la identidad Zeppelin. Por si alguno se había sentido engañado decidieron dejarnos una perla arqueológica, Allfǫðr Oðinn (Allfather Odin), de su EP debut de 1993 Hordanes Land. Volvieron en los bises para el clásico Isa y se fueron despedidos por un público entusiasta. En su hora y veinte de concierto consiguieron crear una experiencia de éxtasis, esas en las que las ondas sonoras consiguen transportarte a través del espacio y del tiempo, a dimensiones paralelas extrasensoriales donde olvidarte de todo y sumergirte en la miasma primordial de donde procede todo lo que existe.

Volví a casa reventado. Necesitaba recuperarme en un tiempo record para el asalto del día siguiente.

Continuará…

El festival Madrid is the Dark vuelve a hacer acto de presencia en el otoño madrileño por tercera vez consecutiva. Esta vez el cartel ha quedado impresionante, con un par de reclamos absolutamente indiscutibles cada noche y una serie de acólitos, que si bien no son tan conocidos, tienen una calidad más que reconocida en su breve andadura por la senda del metal más extremo y oscuro. El viernes actuarán como cabezas de cartel Enslaved, banda noruega de black metal con tintes progresivos que es parte de la primera hornada del True Norwegian Black Metal, y es de lejos la mejor de todo el grupo. Con su impresionante “Axioma Ethica Odini” maravillaron a muchos el año pasado, un disco de black metal puro y duro que suena fresco y novedoso, algo extraño en este género con tanta tendencia a permanecer inmutable.  Antes tocarán los alemanes de Morgoth, una banda que acaba de resucitar y  tratarán de capitalizar algo del impacto que supuesto su vuelta a los escenarios con su death metal industrial.

El sábado contaremos con la presencia Katatonia y Primordial, que fueron cabezas de cartel el año pasado. Esta vez los irlandeses tocarán temas de su “Redemption at the Puritan’s Hand”, salido en abril de este año y que ha disfrutado de una gran acogida entre la crítica especializada, con una review en este mismo blog. Katatonia sigue a rebufo de su gira 20º aniversario y es muy probable que toquen algo de su antológico “Last Fair Deal Gone Down” a la vez que repasan temas de su carrera más reciente.

Entre los grupos que los acompañen nos encontramos a jóvenes talentos que están tratando de hacerse un hueco en una vertiente del metal tan complicada como esta. Hay que estar muy atentos a Ghost Brigade, Mar de Grises, Isole y 40 watt sun. El resto del cartel lo conforman: October Tide, Skepticism, As Light Dies, Asphyx, Ahab, Daylighy dies, Ophis y Ereb Altor. En total 16 bandas en el que rápidamente se está convirtiendo en un festival de referencia en toda Europa para la música extrema. La cita es en la Sala Cats de Madrid, los días 9 y 10 de diciembre a partir de las 15:40.  Esperamos estar allí para contaros cómo se desarrollan esos días de oscuridad sobre la capital de España.

Crítica Redemption at the Puritan’s Hand – Primordial

 

Primordial lleva desde 1991 explorando las posibilidades del black metal con las influencias célticas de su Irlanda natal. Sin embargo no fue hasta su sexto álbum de estudio, To the Nameless Dead (2007), cuando por fin obtuvieron un reconocimiento más amplio. Hasta entonces siempre habían sido una opción de la crítica especializada y de los seguidores más dedicados, pero con ese disco dieron el salto definitivo que llevaban más de 15 años esperando. La calidad de ese disco lo convirtió en el pináculo de toda su carrera, y por primera vez la producción hacía justicia a las ambiciones de esta banda dublinesa. Tras girar de forma muy extensa en estos últimos años por fin se han decidido a sacar la continuación de esa obra maestra.

Redemption at the Puritan’s Hand es el resultado de cuatro años de trabajo. En él podemos encontrar de nuevo ocho cortes de gran duración con las estructuras tan típicas de la banda. Es un disco Primordial se mire por donde se mire a pesar de todo el tiempo transcurrido. Una banda con tanto oficio como Primordial no puede a estas alturas hacer un mal disco. Sus riffs son tan monolíticos como en el pasado. La batería sigue otorgando ese sonido marcial a las composiciones como si fueran antiguos tambores de guerra llamando a las tribus celtas a la batalla. Y Alan Averill sigue siendo tan dramático como siempre.

Redemption at the Puritan’s Hand es un disco de oficio. La interpretación de los músicos es soberbia. Averill consigue trasladarnos con su cántico a los paisajes desolados que tratan la música. Él mismo definió este disco como “el álbum de la muerte” y ya desde el primer tema, No Grave Deep Enough, deja claro por qué es unos de los cantantes más versátiles de la escena. Alan es capaz de pasar de forma instantánea de una interpretación operística de barítono a la desolación de los gritos black. Y a pesar de todas sus virtudes no se queda ahí, ya que como letrista es capaz de superar en calidad a muchos poetas consagrados.

La identidad irlandesa impregna el sonido con el calor de la sangre y le confiere un dramatismo único, una visión romántica que se vuelve sublime en “Death of the Gods” el gran tema de 9 minutos que cierra el disco. Alan parece cantar sobre el fin de la república romana, la disolución del senado y las libertades del pueblo. Pero hacia el final empieza a soltar nombres propios (Collins, Parnell, Conolly) y se hace evidente que, una vez más, utiliza la historia antigua como metáfora para conmemorar hechos más recientes, en este caso la insurrección de la Semana Santa de 1916. Alan acierta por completo a la hora de seleccionar textos clásicos que suman épica a los himnos de Primordial, como en el caso de Patrick Pearse o de la poetisa Vizcma Belgenvica (en The Black Hundred, sobre los campos de concentración rusos).

¿Por qué no termina de despuntar el álbum? Porque Primordial ya ha hecho todo esto. Con To the Nameless Dead (2007) alcanzaron la perfección de un sonido. Redemption trata de imitar todo eso, pero una inspiración así es difícil que se repita. Los temas de este disco se alargan demasiado, pierden su interés y se vuelven anodinos. Cuando mejor funciona Primordial es cuando estructura sus canciones a base de progresiones, in crescendos que otorgan dramatismo a base de riffs y coros hasta explotar en un clímax de pura épica. Cuando la banda toma la estructura libre parece perderse. Sin un objetivo claro las canciones se hacen pesadas, y si además rondan los 9 minutos se vuelven indigestas (Lain with the Wolf, The Mouth of Judas). Y es una pena, porque todos los ingredientes para un álbum magistral están aquí. Una instrumentación magnífica, una producción muy digna, un vocalista único y unas letras que son pura poesía. Redemption at the Puritan’s Hand está condicionado por su predecesor. Las expectativas estaban por las nubes y a pesar de que el grupo lo ha hecho bien, no ha alcanzado la excelencia que se le exigía.

7/10

Crítica The Great Mass – Septic Flesh

 

¿Qué pasa cuándo juntas la Orquesta Filarmónica de Praga, un coro de 32 personas y una de las mejores bandas de metal extremo?

Septicflesh es el asqueroso nombre de una banda de blackened death metal griego que lleva ya dos décadas en activo (con un pequeño hiato entre 2003 y 2008). A partir de Communion (2008) empezaron a sustituir sus orquestaciones con teclados con las de verdad. Ya entonces demostraron una incipiente maestría. Sin embargo es con The Great Mass cuando todas las posibilidades sinfónicas explotan. Tres años después Christos Antoniou, el guitarrista y principal compositor de la banda, nos pone de relieve su experiencia y su currículum. Licenciado en el London College of Music bajo la tutela de Martin Ellerby, cabeza del departamento de composición, continuó sus estudios en composición/orquestación con un Grado Máster en música sinfónica. Es un músico de carrera y pone sus amplísimos conocimientos musicales a disposición de una de las bandas más extremas del panorama internacional. Eso es algo que no se ve todos los días.

Lo que diferencia a Septicflesh de otros grupos de metal sinfónico como Dimmu Borgir o Nightwish es que todos los aspectos musicales proceden de la misma mente creativa. No se contrata a ningún agente externo para que se haga cargo de la orquestación. No, el propio Christos se encarga tanto de los monstruosos riffs de guitarra como de escribir sobre los pentagramas para violines, cellos, violas, tubas, oboes, fagots, etc. Todo al servicio de una música siniestra que encuentra sus raíces en el black y death metal. Lo que más llama la atención de este The Great Mass es cómo el grupo ha conseguido que la Orquesta Filarmónica de Praga suene de forma tan extrema. Cada instrumento de la orquesta contribuye, al igual que las guitarras o la percusión salvaje, a componer una paisaje sonoro infernal, desolador, sacado de las pinturas negras de Goya.

Aquí encontramos influencias de Beethoven, Wagner y Mahler junto a Opeth, Burzum, Rotting Christ y Mayhem. Y todo encaja. El diálogo constante entre la orquesta y las guitarras sostenida por una percusión muy técnica, tan típica del death metal, consigue introducirnos en este mundo de pesadilla, lleno de contrastes, donde las sombras prevalecen sobre cualquier atisbo de luz. En la parte vocal la interpretación es muy variada pero se sustenta en cuatro pilares básicos: la voz oriental de la soprano Iliana Tsakiraki que parece sacado de los cultos mistéricos de la tierra del Nilo, el coro de música “desacralizada”, las voces limpias tan evocadoras de Sotiris Vayenas y, por último, el bramido satánico de Seth Antoniou, que domina los diez anillos de este infierno particular.

La producción del disco la lleva Peter Tägtgren, conocido por sus grupos Hypocrisy y PAIN y por ser el productor de buena parte del metal extremo escandinavo. Digamos que comparte capacidades y reputación con el gran Dan Swano. Su trabajo es excelente, sobre todo cuando tenemos en cuenta que tiene supervisar y coordinar el trabajo de más de 150 músicos. El sonido del disco cuenta con decenas de capas por canción y sin embargo, a pesar de los riffs colosales y la percusión masiva, el timbre de cada uno de los instrumentos de la orquesta se escucha a la perfección. Es un trabajo complicadísimo del que ha salido victorioso y uno solo se puede quitar el sombrero ante algo así.

En definitiva nos encontramos ante un trabajo que bebe a partes iguales de los grandes compositores románticos, de la música sacra (sobre todo de los requiems) y del metal extremo actual. El resultado es un paisaje aterrador, la melodía de una misa negra, la inspiración mefistofélica de Goya, Friedrich, Lovecraft, Poe y Walpole. Una cosa es segura. Hace falta valor para sumergirse en el averno al que estos griegos nos invitan. Muchos pueden sentir rechazo por la imaginería satánica de la que hacen gala los helenos, pero es una pena que barreras así impidan al buscador inquieto disfrutar de unos de los mejores discos de lo que llevamos de año.

Al parecer hay una versión especial del disco que incluye las canciones interpretadas únicamente por la orquesta y las voces líricas. Para los no acostumbrados al metal extremo puede ser una forma muy eficaz (aunque incompleta) de experimetar la oscuridad de Septicflesh.

 

9/10