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El tercer disco de estudio de Alcest salió a la venta este febrero con unas dosis de expectación pocas veces vistas en en el mundo del black metal. Por definición, el black metal no es un género de masas, sino que más bien se ciñe a un entorno underground de seguidores acérrimos, capaces de defender con su sangre la honestidad y valía suprema del mismo. Es un medio exageradamente conservador, donde por principio se desconfía de todo lo que no contenga los ingredientes marca de la casa:blast-beats, distorsión extrema, riffs afilados como cuchillas y voces agónicas ininteligibles, preferiblemente en una lengua incompresible de raíz escandinava.

Alcest superó casi desde el primer momento esa visión limitada para abrazar un sonido mucho más ecléctico, fusionando con valentía a tribus urbanas aparentemente opuestas. Y visto el éxito arrollador que ha tenido Neige, girando por todo el mundo sin parar, podemos decir, sin temor a equivocarnos, que ha triunfado en su empeño. Sus conciertos son una amalgama extraña en la que se mezclan indies y alternativos, atraídos por el post-rock y el shoegaze, y heavies de pro, en busca de su dosis de riffs, blast-beats y voces agónicas. Y todos salen satisfechos.

A pesar de la naturaleza extrema que se puede encontrar en la raíz de Alcest, Neige compone una música muy accesible. Esto se debe por entero a la intención contemplativa con la que el músico francés dota a sus composiciones, buscando iniciarnos en un maravilloso viaje por paisajes de ensueño. Una realidad paralela llena de magia primordial y misterios entrañables. ¿A quién no le atrae semejante planteamiento? Para disfrutar de Alcest tan solo se necesita una mente abierta y compartir su visión escapista. El resto viene a continuación. La distorsión, las voces black, la percursión acelerada. Todo, tarde o temprano, hace click y cumple su función en ese gran panorama onírico. Porque la música de Neige tiene mucho que ver con las artes plásticas.

Veo a Alcest como el heredero y el último eslabón de una tradición musical impresionista. Es el Debussy del siglo XXI, pintando claros de luna con distorsión y electricidad. Los medios cambian pero la intención y el fin son los mismos: adentrarse en las profundidades de nuestra imaginación y sembrar visiones de luz. Luz apacible, luz violenta. Luz cálida, luz fría. Luz interna, luz externa. Luz llena de contenido. Luz repleta de pasión. Luz mágica. Luz.

Les Voyages De L’Âme. Los viajes del alma. Las travesías que nuestro espíritu acomete una vez nuestro cuerpo cae rendido al sueño. Los viaje astrales en los que trascendemos la realidad inmanente que nos sofoca y nos ahoga en el día a día. Los viajes al pasado, al sagrado mundo de nuestra primera infancia, al mundo que dejamos atrás al perder la inocencia y al que jamás volveremos de otra forma. Los viajes al caleidoscopio primigenio, la paleta de colores en la sumergimos nuestros corazones y pintamos en el firmamento infinito nuestra verdadera patria. Somos creadores de mundos. Feudos en los que reconocemos las facciones de nuestro hogar, nuestra esencia viva, las escamas de la luna sobre un lago a medianoche.
9/10

Anathema es uno de sus grupos que han conseguido convertirme en fan incondicional por las emociones que su música me llega a provocar. Su noveno trabajo de estudio, Weather Systems, es ante todo un disco emocional, y eso, a pesar de una primera impresión algo floja por la sencillez compositiva de la que hace gala, ha conseguido hacerse un hueco entre uno de mis discos favoritos del año y encaramarse a trilogía beatífica que se inició con A Natural Disaster y continuó con We’re Here Because We’re Here.

El LP empieza directamente con el mejor corte de todo el disco. Anathema no se ha reservado nada, y expone su mejor tema al principio. Un acorde repetitivo, sucesiva incoporación instrumental de manera progresiva, armonías vocales de ensueño y unas letras exquisitas en su sencillez aparente. Untouchable es una clara muestra de lo que este disco nos ofrece: tranquilidad, belleza, paz y candor. Los hermanos Cavanagh y los hermanos Douglas han colocado, en un movimiento no exento de riesgos, las dos partes de su tema estrella de forma sucesiva. El efecto es inmediato. Aunque la primera parte cuenta con más fuerza intrínseca, la segunda le sigue a la perfección con un acercamiento más introspectivo.

Las siguientes cuatro canciones componen el meollo del disco, esos sistemas meteorológicos con diferentes estados de ánimo. Así The Gathering of the Clouds nos pone en tensión y nos prepara para la inminente tormenta. Lightning Song es toda una sorpresa, con la suave voz de Lee Douglas comandando el tono prístino de la canción. La letras puede parecer ingenua, pero es sin duda una de las canciones más optimistas que haya escuchado nunca, y ya solo por eso se merece una mensión especial. Sunlight cuenta con una percusión más poderosa, pero no es hasta The Storm Before the Calm cuando realmente tenemos algo de rock consistente por estos británicos, otrora estandartes del death/doom más extremo. El drone y el noise se mezclan a la perfección en la primera mitad de este gigante de más de 9 minutos, creando una atmófera de tensión, violencia y desorientación. Y tras la tormenta, la calma, con las preciosas armonías liberadoras de Vinnie y Lee. Las tres últimas canciones del disco son mucho más lentas e intimistas, sobrevolando sentimientos profundos que van desde la melancolía a la paz interior

El sonido del disco basa toda su fuerza en la creación de atmósferas que, en una progresión in crescendo, llegan a explotar en un clímax de auténtica plenitud musical. Desde un punto de vista compositivo todo es muy sencillo, haciendo gala de un sonido uniforme, repitiendo muchas notas y acordes a lo largo de los diferentes cortes. Las melodías de cuerda subrayan el sonido intimista que el grupo ha querido imprimir en este disco. No hay nada que distraiga del objetivo último, un viaje por nuestras emociones más profundas e íntimas. Es muy fácil desdeñar este disco como una producción sensiblera y un punto perezosa, pero sería un grave error. Debajo de Weather Systems hay un sonido genuino, profundo y conmovedor. Decenas de escuchas después las melodías siguen teniendo el mismo efecto mágico de la primera vez.

9/10

El próximo 20 de febrero Pain of Salvation pasarán por la capital de España para presentar su último trabajo, el doble Road Salt. Los suecos ya vinieron el pasado mes de noviembre de la mano de Opeth, en un show que entró en los anales de la infamia de la Sala Penélope. Esta vez el concierto será en la sala Caracol y seguramente la gente podrá disfrutarlos sin el sofoco que supuso su anterior incursión. Pain of Salvation sufrió unos cambios dramáticos tras aquel tour con Opeth, con la marcha de los integrantes Johan Hallgren y Fredrik Hermansson, pero debemos recordar que ante todo la banda es la criatura de Daniel Gildenlöw, y en él residen las esperanzas de todos los fans.

Tras abandonar el progresivo con la dupla Road Salt y abrazar el sonido más blues rock podemos asegurar que la arriesgada propuesta de Daniel ha sido todo un éxito. Los dos álbumes hermanos han conseguido encaramarse a la lista de los favoritos por la crítica de muchas revistas especializadas. El sonido es producto de la inspiración única que se puede sacar tras interminables jam sessions. Es un rock directo, sincero, lleno de sentimientos, sin artificios (algo que la banda acusaba en el pasado, con algunos temas excesivos por presuntuosos) y muy interesante.

La instrumentación es magnífica, y consigue trasladar al oyente a la intimidad de una sala de ensayo. Los 24 temas parecen haber sido compuestos para ser disfrutados en directo. El lunes 20 de febrero veremos si consiguen llegarnos tan hondo como lo hicieron en disco.

Crónica del concierto Mastodon + Red Fang

El 23 de enero Mastodon aterrizó en la capital de España para presentarnos su último trabajo, The Hunter, quinto de su carrera. La fecha señalada caía en lunes y, teniendo en cuenta que suelen ser unos habituales de los festivales veraniegos (ya les había visto en el Monsters of Rock del 2007 y en el Sonisphere del 2011), no esperaba mucha asistencia en La Riviera. Me equivoqué por completo.

A las ocho de la tarde se abrieron las puertas y media hora más tarde salían a escena los teloneros, los stoners Red Fang. Esta banda de Portland practica un heavy rock muy setentero, y a pesar de todo, bastante sureño, así que casa a la perfección con Mastodon. Nos ofrecieron un concierto muy correcto, derrochando actitud y una música directa, sin muchas complicaciones pero muy efectivo. Reservaron su gran tema, Prehistoric Dog, para el final, y consiguieron irse entre vítores y aclamaciones del público.

Mientras esperábamos la salida de Mastodon eché una mirada en derredor y me sorprendí de la afluencia de gente en la sala. Se había llenado como la vez en que acudí a ver a Within Temptation. Teniendo en cuenta la naturaleza difícil del sonido del grupo me parecía increíble. La composición del público era de lo más variopinta, y no estaba formada únicamente de metalheads como uno pudiera esperar. Lo que sí fue más homogéneo fue el aroma a marihuana que empezó a circular por entonces. Al parecer muchos querían entonarse en condiciones para afrontar la psicodelia del grupo con plenas garantías.

Sin hacerse mucho de rogar, Mastodon salió a escena y sin decir una sola palabra empezaron con el trallazo de Dry Bone Valley, para luego pasar a Black Tongue y Cristal Skull. Diez minutos y tres temas en el concierto y ninguno de ellos se había dirigido al público para nada. Ni siquiera presentaban las canciones. Tampoco hacía falta, allí todo el mundo se las sabía de memoria. La calidad del sonido era bastante buena, con unas guitarras muy potentes que reclamaban toda nuestra atención y una percusión rigurosa. Las voces se perdían a menudo entre tanta distorsión, pero nadie las echó mucho en falta. Mastodon no hacen gala de unos buenos vocalistas y aunque han ido mejorando con los años, no es eso lo que la gente busca cuando va a verlos.

El sonido de Mastodon es una amalgama sludge con aspiraciones progresivas que suele apabullar por su compleja mezcla. Son tan directos como un derechazo a la mandíbula pero lo suficientemente complejos como para confundirte. Por eso lo califico de grupo difícil. Y por eso me sorprende la cantidad de seguidores que consiguen reunir en torno a ellos.

La actuación duró poco más de hora y media, pero resultó agotador. La aprovecharon al máximo, sin dar tregua en ningún momento y sin levantar el pie del acelerador. Solo al final, con la espectacular y extraña Creature Lives, dejaron la omnipresente distorsión un poco al margen. En total, 23 canciones, con hasta 9 de su último disco. El resto se repartió entre los cuatro anteriores, aunque Crack the Skye salió bastante perjudicado con solo un par. Personalmente eché de menos Oblivion y estuve medio concierto esperando a que saliera a escena. Fue una pequeña decepción, pero soportable tomando en cuenta la calidad total del concierto.

A Mastodon se les ha criticado el directo muy duramente. Reconozco que han ido mejorando a lo largo de los años, e instrumentalmente son una pasada sobre el escenario. Las interpretación vocal es otro tema, pero a estas alturas no creo que nadie espere milagros de estos red necks, y mientras Dailor y Sanders copen esa faceta no me preocupan (Hinds es otra historia, no soporto su chillido agónico, parece que está pasando una piedra en los riñones). Volverán a nuestro país en el Sonisphere de este año, pero a las 4 de la tarde bajo un sol de justicia y tragando polvo no es la situación ideal para disfrutarlos. De todas formas este año el festival lo han puesto a finales de mayo, así que puede que nos ahorremos todas esas penurias. También puede que los coloquen más tarde, ya que por calidad lo merecen, aunque muy cargado viene el Sonisphere de este año, con Metallica, Soundgarden, Slayer y un montón de grupos más.

Mastodon ha ido creciendo en mí muy lentamente. En el Monsters of Rock de 2007 no me digné a salir de la caseta de prensa y los escuché desde lejos. Después de este concierto no puedo dejar de escuchar The Hunter. Y pocos grupos consiguen reengancharme después de verlos en directo. Normalmente suelen defraudarme. Mastodon ha conseguido justo lo contrario.

Crónica del festival Madrid is the Dark III (parte 4)

Primordial volvía después de la buena experiencia del año pasado y había muchas ganas de volverlos a ver. En el 2010 tuve el primer contacto en directo con esta banda irlandesa y no pude quedar más satisfecho e impresionado, así que las expectativas estaban por las nubes. Tras solucionar algunos problemas con el equipo, la banda empezó a tocar los primeros acordes de No Grave Deep Enough. Y cuando la canción rompió con el riff monolítico correspondiente marca de la casa volvió a hacer acto de presencia el sacerdote chamánico Nemtheanga. Vestido con una camiseta de tirantes hecha harapos y con la piel blanca pintada con las pinturas de guerra celtas y rastros de sangre por toda su cabeza afeitada. Las primeras filas estallamos en saltos y en un headbanging salvaje, respondiendo a las consignas del sumo sacerdote. Cuando terminó el primer tema, Alan presentó a la banda con su habitual “We are Primordial and we come from the Republic of Ireland” y presentó la siguiente canción del disco, Lain to the Wolf. Siguió con Bloodied Yet Unbowed y dio por presentado el disco Redepemtion at the Puritan’s Hand que habían sacado unos meses antes y cuyas temas se perdieron la cita del año anterior.

Primordial es una banda con un sonido increíble, pero cuando actúan en directo todo cambia. La interpretación de Alan Averill es el 50% de Primordial. Sus expresiones, sus gestos, su teatralidad. Nadie vive la música de Primordial como él, y es capaz de contagiar a todo el público con su entusiasmo. Se mete de lleno en su papel y encandila a todo el mundo. Es el maestro de ceremonias y todo el público obedece sus órdenes. Volvieron a repasar los clásicos As Rome Burns y The Coffin Ships, manejando los in crescendos con maestría. Cuando la furia por fin se desasta y Nemtheanga hace ademán de cortarse el cuello y las venas, cuando coge una escopeta imaginaria y apunta al público para luego ponérsela bajo la barbilla y volarse los sesos… Es todo tan intenso que un escalofrío te recorre la espalda y te vuelve loco.

De todas formas algo iba mal. Nemtheanga hablaba con los miembros del grupo entre canciones y parecía muy enfadado. Cuando llegó el momento de despedirse con la antológica Empires Fall se dirigió a la audiencia. “We’ve been cut. We are sorry”. Había que terminar a las 12, y Katatonia eran intocables, así que tuvieron que pringar los irlandeses. Todo por culpa de los putos Asphyx.

Katatonia venía al festival como cabezas de cartel y en teoría manejando el sonido más suave de todas las bandas. A simple vista podrían parecer algo fuera de lugar en un festival de metal extremo dado que no tocan nada de su material antiguo. Pero es que Katatonia en directo no se adhieren a la fórmula melancólica que rezuma en sus discos, sino que apuestan por erigirse en una banda de metal de pleno derecho. La vez que los vi en la Sala Ramdall a principios del 2010 fue uno de los peores conciertos a los que he ido. Salí muy decepcionado, básicamente porque me esperaba otra cosa. Aquel día en cambio me llevé una grata sorpresa.

Empezaron con la opener de su último disco, Forsaker y siguieron con Deliberation antes de volver a Soil’s Song. Continuaron con un repertorio en el que se ciñeron a sus últimos cuatro discos excepto en For My Demons, del Tonight’s Decision. Katatonia es una de mis bandas favoritas y esos discos son los que he escuchado con interés, así que el setlist me pareció perfecto. Nos regalaron alguna rareza como Wait Outside de las sesiones del Viva Emptiness, pero en general fueron a lo seguro, dando un concierto muy inteligente y equilibrado. El sonido de la Penélope estaba muy por encima del de aquella vez en la Ramdall y el grupo mantuvo mi atención hasta el final a pesar de que estaba exhausto y me maldecía por estar perdiéndome el Clásico.

En hora y cuarto les dio tiempo para tocar 14 canciones, terminando con Leaders. Nos felicitaron por el festival tan bueno que teníamos y se fueron. Con el doble asalto yo había dado por finiquitada la temporada de conciertos y lo único que quería era descansar y dormir doce horas seguidas.

En definitiva, el festival de este año era tan ambicioso que consiguió erigirse como uno de los mejores de Europa en el metal extremo. Los continuos problemas con las diferentes salas estuvieron a punto de mandarlo todo al traste y la organización acabó perdiendo dinero. De todas formas los promotores consiguieron sacarlo adelante cuando parecía que todo estaba abocado al fracaso y hay que darles la enhorabuena. La posible edición de 2012 debería guiarse por los parámetros de calidad en vez de cantidad. Dieciséis grupos en dos días en un recinto indoor es demasiado se mire por donde se mire. La idea de hacerlo durante el puente de la Inmaculada es magnífica, así que sería mejor aprovechar tres días en vez de tratar de meterlo todo en dos. Y quitar morralla. Hay algunos grupos que simplemente no merece la pena traerlos desde tan lejos. Daylight Dies y Mar de Grises no es que sean malos, pero no creo que valgan la pena para ocupar los puestos de más abajo. Skepticism y Ahab me parecieron una pérdida de tiempo y dinero. Y quizá se podría juntar los estilos en un mismo día, así el que quisiera doom no tendría que tragarse death o black, o viceversa.

Los mejores grupos del festival fueron Enslaved, Katatonia, Primordial y Ghost Brigade, siendo este último una sorpresa en toda regla. Si trabajan duro tienen la posibilidad de convertirse en unos imprescindibles en este tipo de eventos en muy poco tiempo.

Y así termina el especial de cuatro partes dedicado al Madrid is the Dark III. Se ha retrasado, pero espero que haya valido la pena.

Crónica del festival Madrid is the Dark III (parte 3)

El segundo día del festival comenzó con los alemanes Ophis, una banda que mezcla doom con black, en eso que algunos quieren etiquetar como depressive black metal o suicidal black metal y que a mí me parece una soberana gilipollez. La verdad es que a pesar de que se han llevado buenas críticas con el par de discos en su haber a mí no me dijeron nada. Los gritos del cantante se me hacían tan molestos como a cualquier fan de Rihanna y me sentí completamente al margen de toda la movida. Se me hicieron eternos. Luego descubrí que les habían extendido el setlist a todos los grupos por la ausencia de 40 Watt Sun.

Tras el mal trago de los alemanes volvieron los suecos de Isole, pero esta vez para deleitarnos con las composiciones de su proyecto paralelo, Ereb Altor. Al parecer crearon este proyecto para dar salida a su amor por Quorthon (el legendario frontman de Bathory) y las leyendas vikingas de su tierra. Aún hoy no puedo encontrar diferencias sustanciales en el sonido de los dos proyectos que justifiquen semejante separación. Pero me dio igual. Tocaron ese epic doom metal tan sobresaliente con el que se han labrado un pequeño nombre en la escena y sorprendieron con alguna obra maestra como Myrding. En ese tema la interpretación vocal roza la excelencia.

Los siguientes en subirse al escenario fueron los alemanes de Ahab, cuyo cantante había estado a mi lado hasta ese momento con sus enormes melenas rubias. Avisaron de que estaban jodidos de la garganta y que pasarían de las voces limpias, y acometieron temas de su último LP, The Divinity of Oceans. El sonido de Ahab (en honor del maníaco protagonista de la novela de Herman Melville) es descrito por sus integrantes como Nautical Funeral Doom. Nueva gilipollez al canto. El caso es que se dedican a hacer un sonido muy distorsionado, con una lentitud extrema y unos death grunts que están siempre en el tono más grave de todos. Sus composiciones son larguísimas, y las intercalan con sonidos de gaviotas y olas y alguna proyección de Moby Dick. El público estaba entusiasmado con ellos, llegando incluso un grupo de fans a sacar ballenas de plástico, pegarlas a un palo y agitarlas en el aire como si nadaran por la sala. El merchandising se agotó enseguida y los discos volaron. Yo, otra vez, me sentí por completo alienado.

Cuando por fin terminaron cambió de nuevo el tono como en el día anterior. El festival abandonó la senda doom para meterse en el death. Daylight Dies es una banda de death metal melódico de Estados Unidos, pero que tienen más cosas en común con las bandas de death/doom del viejo continente. Los conocía de oídas y su sonido, aunque agradable, me pareció bastante derivativo. Estaban un par de escalones por debajo de October Tide para poner un ejemplo, pero resultaron solventes y la audiencia pareció satisfecha.

Los siguientes fueron los brutal death de Asphyx. Esta banda holandesa lleva desde los años ochenta dando por saco. Fue el único grupo de todo el festival que de verdad me disgustó profundamente. No solo los gritos de Martin Van Drunen se me hacen insoportables, sino que su sonido se me hizo tan monótono, tan idéntico, que no podía esperar a que terminaran. Pero nunca lo hacían. Se vanaglorian de ser old school, así que hacen las cosas igual que cuando empezaron. Distorsiones extremas y más preocupados de dar caña que de hacer algo interesante. Se hicieron los sordos con el tiempo que tenían asignados y en vez de respetar los cincuenta minutos que les habían dado se quedaron hora y cuarto. Si entonces hubiera sabido las consecuencias que su gracia iba a ocasionar no hubiera tenido tanta paciencia.

Continuará…

Crónica del festival Madrid is the Dark III (parte 2)

Tras una breve pausa para cenar algo rápido volví a entrar para enfrentarme a los dinosaurios alemanes de Morgoth. Me coloqué a una distancia prudencial esta vez, sobre los escalones del fondo de la sala, ya que de alguna forma me temía lo que podría pasar. Efectivamente, estos death metalheads de la vieja escuela no saben hacerlo suave. Su brutal death metal es un hachazo directo a las cervicales. A 140 decibelios de distorsión extrema, en una sala pequeña, de techo bajo, con esos gigantes alemanes sobre el escenario, los flashes rapidísimos y el vozarrón de ultratumba de Marc Grewe, creí estar ante una visión infernal. Se formó un mosh pit violento en el centro de la sala y todo el mundo empezó a moverse como si estuviera atrapado en un torbellino que los succionara hacia abajo y luego los vomitara con odio. En un momento de locura metal un tipo enorme que rozaría el centenar de kilos traspasó las vallas de protección y se subió al escenario. La verdad es que Marc hizo un buen trabajo, controlando una situación potencialmente peligrosa con mucha profesionalidad y sin parar la actuación en ningún momento. La tralla del concierto fue tan exagerada que me dejaron exhaustos después de tan solo 50 minutos. Verlos en directo es una de esas cosas que hay que hacer al menos una vez en la vida.

Y así, siete horas después de internarnos en la oscuridad de la Penélope, nos dispusimos a darles la bienvenida al plato fuerte de la noche, los legendarios Enslaved. Este grupo seminal de black metal noruego no me había llamado nunca mucho la atención. Hasta que escuché su último disco. Axioma Ethica Odini es uno de los discos de la década, una colección de nueve canciones en la que los noruegos fusionan a la perfección toda la tradición black noruega con sus intereses progresivos y psicodélicos. Es un disco tan profundo que nunca te cansas de escucharlo, con todo tipo de progresiones, interludios melódicos, blastbeats exagerados y psicodelia contemplativa. Imprescindible.

Las expectativas eran estratosféricas. Me coloqué en las primeras filas y preparé la garganta para gritar con todas mis fuerzas. Sonó Axioma a modo de intro y se me erizó el vello de los brazos, previendo lo que iba a pasar a continuación. Salió el gigante de Grutle, el público estalló en vítores y empezó el riff monumental de Ethica Odini, la apertura del disco y una de las mejores canciones de toda la escena black. La complejidad instrumental de la canción es manifiesta, con líneas de guitarra entrecruzándose en el estribillo de una forma enajenante, con las voces limpias del teclista Larsen surcando veloces y el feroz rugido de Grutle acechando como la bestia que es. Y vuelta a la estrofa y ese riff monolítico capaz de derretir montañas. Es una melodía definitiva, explosiva y evocadora al mismo tiempo. Perfecta.

Tras saludar a la gente Grutle empezó a hablar sobre la rueda del tiempo y todos supimos que iban a abordar Raidho. El sonido en las primeras filas no era tan bueno como más atrás, pero todo fuera por ver de cerca de la bestia de Grutle exorcizando demonios de su garganta como si aquello fueran un mero paseo por el parque. Concedieron una buena parte del selist a su vena más progresiva, con canciones como Fussion of Sense and Earth, Ruun y Ground, que dedicaron a todas las féminas congregadas en la sala. Volvieron a su último trabajo para tocar la apisonadora Giants.

Tocaron una selección de lo más granado de su discografía reciente para luego tentarnos preguntando si queríamos algo de “old stuff”. Tras la respuesta entusiasta nos regalaron una versión impresionante de la archiconocida Inmigrant’s Song. Sonó de maravilla, rezumando Enslaved y black metal por todos los poros pero respetando la identidad Zeppelin. Por si alguno se había sentido engañado decidieron dejarnos una perla arqueológica, Allfǫðr Oðinn (Allfather Odin), de su EP debut de 1993 Hordanes Land. Volvieron en los bises para el clásico Isa y se fueron despedidos por un público entusiasta. En su hora y veinte de concierto consiguieron crear una experiencia de éxtasis, esas en las que las ondas sonoras consiguen transportarte a través del espacio y del tiempo, a dimensiones paralelas extrasensoriales donde olvidarte de todo y sumergirte en la miasma primordial de donde procede todo lo que existe.

Volví a casa reventado. Necesitaba recuperarme en un tiempo record para el asalto del día siguiente.

Continuará…