Archivos para enero, 2012

Crónica del festival Madrid is the Dark III (parte 4)

Primordial volvía después de la buena experiencia del año pasado y había muchas ganas de volverlos a ver. En el 2010 tuve el primer contacto en directo con esta banda irlandesa y no pude quedar más satisfecho e impresionado, así que las expectativas estaban por las nubes. Tras solucionar algunos problemas con el equipo, la banda empezó a tocar los primeros acordes de No Grave Deep Enough. Y cuando la canción rompió con el riff monolítico correspondiente marca de la casa volvió a hacer acto de presencia el sacerdote chamánico Nemtheanga. Vestido con una camiseta de tirantes hecha harapos y con la piel blanca pintada con las pinturas de guerra celtas y rastros de sangre por toda su cabeza afeitada. Las primeras filas estallamos en saltos y en un headbanging salvaje, respondiendo a las consignas del sumo sacerdote. Cuando terminó el primer tema, Alan presentó a la banda con su habitual “We are Primordial and we come from the Republic of Ireland” y presentó la siguiente canción del disco, Lain to the Wolf. Siguió con Bloodied Yet Unbowed y dio por presentado el disco Redepemtion at the Puritan’s Hand que habían sacado unos meses antes y cuyas temas se perdieron la cita del año anterior.

Primordial es una banda con un sonido increíble, pero cuando actúan en directo todo cambia. La interpretación de Alan Averill es el 50% de Primordial. Sus expresiones, sus gestos, su teatralidad. Nadie vive la música de Primordial como él, y es capaz de contagiar a todo el público con su entusiasmo. Se mete de lleno en su papel y encandila a todo el mundo. Es el maestro de ceremonias y todo el público obedece sus órdenes. Volvieron a repasar los clásicos As Rome Burns y The Coffin Ships, manejando los in crescendos con maestría. Cuando la furia por fin se desasta y Nemtheanga hace ademán de cortarse el cuello y las venas, cuando coge una escopeta imaginaria y apunta al público para luego ponérsela bajo la barbilla y volarse los sesos… Es todo tan intenso que un escalofrío te recorre la espalda y te vuelve loco.

De todas formas algo iba mal. Nemtheanga hablaba con los miembros del grupo entre canciones y parecía muy enfadado. Cuando llegó el momento de despedirse con la antológica Empires Fall se dirigió a la audiencia. “We’ve been cut. We are sorry”. Había que terminar a las 12, y Katatonia eran intocables, así que tuvieron que pringar los irlandeses. Todo por culpa de los putos Asphyx.

Katatonia venía al festival como cabezas de cartel y en teoría manejando el sonido más suave de todas las bandas. A simple vista podrían parecer algo fuera de lugar en un festival de metal extremo dado que no tocan nada de su material antiguo. Pero es que Katatonia en directo no se adhieren a la fórmula melancólica que rezuma en sus discos, sino que apuestan por erigirse en una banda de metal de pleno derecho. La vez que los vi en la Sala Ramdall a principios del 2010 fue uno de los peores conciertos a los que he ido. Salí muy decepcionado, básicamente porque me esperaba otra cosa. Aquel día en cambio me llevé una grata sorpresa.

Empezaron con la opener de su último disco, Forsaker y siguieron con Deliberation antes de volver a Soil’s Song. Continuaron con un repertorio en el que se ciñeron a sus últimos cuatro discos excepto en For My Demons, del Tonight’s Decision. Katatonia es una de mis bandas favoritas y esos discos son los que he escuchado con interés, así que el setlist me pareció perfecto. Nos regalaron alguna rareza como Wait Outside de las sesiones del Viva Emptiness, pero en general fueron a lo seguro, dando un concierto muy inteligente y equilibrado. El sonido de la Penélope estaba muy por encima del de aquella vez en la Ramdall y el grupo mantuvo mi atención hasta el final a pesar de que estaba exhausto y me maldecía por estar perdiéndome el Clásico.

En hora y cuarto les dio tiempo para tocar 14 canciones, terminando con Leaders. Nos felicitaron por el festival tan bueno que teníamos y se fueron. Con el doble asalto yo había dado por finiquitada la temporada de conciertos y lo único que quería era descansar y dormir doce horas seguidas.

En definitiva, el festival de este año era tan ambicioso que consiguió erigirse como uno de los mejores de Europa en el metal extremo. Los continuos problemas con las diferentes salas estuvieron a punto de mandarlo todo al traste y la organización acabó perdiendo dinero. De todas formas los promotores consiguieron sacarlo adelante cuando parecía que todo estaba abocado al fracaso y hay que darles la enhorabuena. La posible edición de 2012 debería guiarse por los parámetros de calidad en vez de cantidad. Dieciséis grupos en dos días en un recinto indoor es demasiado se mire por donde se mire. La idea de hacerlo durante el puente de la Inmaculada es magnífica, así que sería mejor aprovechar tres días en vez de tratar de meterlo todo en dos. Y quitar morralla. Hay algunos grupos que simplemente no merece la pena traerlos desde tan lejos. Daylight Dies y Mar de Grises no es que sean malos, pero no creo que valgan la pena para ocupar los puestos de más abajo. Skepticism y Ahab me parecieron una pérdida de tiempo y dinero. Y quizá se podría juntar los estilos en un mismo día, así el que quisiera doom no tendría que tragarse death o black, o viceversa.

Los mejores grupos del festival fueron Enslaved, Katatonia, Primordial y Ghost Brigade, siendo este último una sorpresa en toda regla. Si trabajan duro tienen la posibilidad de convertirse en unos imprescindibles en este tipo de eventos en muy poco tiempo.

Y así termina el especial de cuatro partes dedicado al Madrid is the Dark III. Se ha retrasado, pero espero que haya valido la pena.

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Crónica del festival Madrid is the Dark III (parte 3)

El segundo día del festival comenzó con los alemanes Ophis, una banda que mezcla doom con black, en eso que algunos quieren etiquetar como depressive black metal o suicidal black metal y que a mí me parece una soberana gilipollez. La verdad es que a pesar de que se han llevado buenas críticas con el par de discos en su haber a mí no me dijeron nada. Los gritos del cantante se me hacían tan molestos como a cualquier fan de Rihanna y me sentí completamente al margen de toda la movida. Se me hicieron eternos. Luego descubrí que les habían extendido el setlist a todos los grupos por la ausencia de 40 Watt Sun.

Tras el mal trago de los alemanes volvieron los suecos de Isole, pero esta vez para deleitarnos con las composiciones de su proyecto paralelo, Ereb Altor. Al parecer crearon este proyecto para dar salida a su amor por Quorthon (el legendario frontman de Bathory) y las leyendas vikingas de su tierra. Aún hoy no puedo encontrar diferencias sustanciales en el sonido de los dos proyectos que justifiquen semejante separación. Pero me dio igual. Tocaron ese epic doom metal tan sobresaliente con el que se han labrado un pequeño nombre en la escena y sorprendieron con alguna obra maestra como Myrding. En ese tema la interpretación vocal roza la excelencia.

Los siguientes en subirse al escenario fueron los alemanes de Ahab, cuyo cantante había estado a mi lado hasta ese momento con sus enormes melenas rubias. Avisaron de que estaban jodidos de la garganta y que pasarían de las voces limpias, y acometieron temas de su último LP, The Divinity of Oceans. El sonido de Ahab (en honor del maníaco protagonista de la novela de Herman Melville) es descrito por sus integrantes como Nautical Funeral Doom. Nueva gilipollez al canto. El caso es que se dedican a hacer un sonido muy distorsionado, con una lentitud extrema y unos death grunts que están siempre en el tono más grave de todos. Sus composiciones son larguísimas, y las intercalan con sonidos de gaviotas y olas y alguna proyección de Moby Dick. El público estaba entusiasmado con ellos, llegando incluso un grupo de fans a sacar ballenas de plástico, pegarlas a un palo y agitarlas en el aire como si nadaran por la sala. El merchandising se agotó enseguida y los discos volaron. Yo, otra vez, me sentí por completo alienado.

Cuando por fin terminaron cambió de nuevo el tono como en el día anterior. El festival abandonó la senda doom para meterse en el death. Daylight Dies es una banda de death metal melódico de Estados Unidos, pero que tienen más cosas en común con las bandas de death/doom del viejo continente. Los conocía de oídas y su sonido, aunque agradable, me pareció bastante derivativo. Estaban un par de escalones por debajo de October Tide para poner un ejemplo, pero resultaron solventes y la audiencia pareció satisfecha.

Los siguientes fueron los brutal death de Asphyx. Esta banda holandesa lleva desde los años ochenta dando por saco. Fue el único grupo de todo el festival que de verdad me disgustó profundamente. No solo los gritos de Martin Van Drunen se me hacen insoportables, sino que su sonido se me hizo tan monótono, tan idéntico, que no podía esperar a que terminaran. Pero nunca lo hacían. Se vanaglorian de ser old school, así que hacen las cosas igual que cuando empezaron. Distorsiones extremas y más preocupados de dar caña que de hacer algo interesante. Se hicieron los sordos con el tiempo que tenían asignados y en vez de respetar los cincuenta minutos que les habían dado se quedaron hora y cuarto. Si entonces hubiera sabido las consecuencias que su gracia iba a ocasionar no hubiera tenido tanta paciencia.

Continuará…

Crónica del festival Madrid is the Dark III (parte 2)

Tras una breve pausa para cenar algo rápido volví a entrar para enfrentarme a los dinosaurios alemanes de Morgoth. Me coloqué a una distancia prudencial esta vez, sobre los escalones del fondo de la sala, ya que de alguna forma me temía lo que podría pasar. Efectivamente, estos death metalheads de la vieja escuela no saben hacerlo suave. Su brutal death metal es un hachazo directo a las cervicales. A 140 decibelios de distorsión extrema, en una sala pequeña, de techo bajo, con esos gigantes alemanes sobre el escenario, los flashes rapidísimos y el vozarrón de ultratumba de Marc Grewe, creí estar ante una visión infernal. Se formó un mosh pit violento en el centro de la sala y todo el mundo empezó a moverse como si estuviera atrapado en un torbellino que los succionara hacia abajo y luego los vomitara con odio. En un momento de locura metal un tipo enorme que rozaría el centenar de kilos traspasó las vallas de protección y se subió al escenario. La verdad es que Marc hizo un buen trabajo, controlando una situación potencialmente peligrosa con mucha profesionalidad y sin parar la actuación en ningún momento. La tralla del concierto fue tan exagerada que me dejaron exhaustos después de tan solo 50 minutos. Verlos en directo es una de esas cosas que hay que hacer al menos una vez en la vida.

Y así, siete horas después de internarnos en la oscuridad de la Penélope, nos dispusimos a darles la bienvenida al plato fuerte de la noche, los legendarios Enslaved. Este grupo seminal de black metal noruego no me había llamado nunca mucho la atención. Hasta que escuché su último disco. Axioma Ethica Odini es uno de los discos de la década, una colección de nueve canciones en la que los noruegos fusionan a la perfección toda la tradición black noruega con sus intereses progresivos y psicodélicos. Es un disco tan profundo que nunca te cansas de escucharlo, con todo tipo de progresiones, interludios melódicos, blastbeats exagerados y psicodelia contemplativa. Imprescindible.

Las expectativas eran estratosféricas. Me coloqué en las primeras filas y preparé la garganta para gritar con todas mis fuerzas. Sonó Axioma a modo de intro y se me erizó el vello de los brazos, previendo lo que iba a pasar a continuación. Salió el gigante de Grutle, el público estalló en vítores y empezó el riff monumental de Ethica Odini, la apertura del disco y una de las mejores canciones de toda la escena black. La complejidad instrumental de la canción es manifiesta, con líneas de guitarra entrecruzándose en el estribillo de una forma enajenante, con las voces limpias del teclista Larsen surcando veloces y el feroz rugido de Grutle acechando como la bestia que es. Y vuelta a la estrofa y ese riff monolítico capaz de derretir montañas. Es una melodía definitiva, explosiva y evocadora al mismo tiempo. Perfecta.

Tras saludar a la gente Grutle empezó a hablar sobre la rueda del tiempo y todos supimos que iban a abordar Raidho. El sonido en las primeras filas no era tan bueno como más atrás, pero todo fuera por ver de cerca de la bestia de Grutle exorcizando demonios de su garganta como si aquello fueran un mero paseo por el parque. Concedieron una buena parte del selist a su vena más progresiva, con canciones como Fussion of Sense and Earth, Ruun y Ground, que dedicaron a todas las féminas congregadas en la sala. Volvieron a su último trabajo para tocar la apisonadora Giants.

Tocaron una selección de lo más granado de su discografía reciente para luego tentarnos preguntando si queríamos algo de “old stuff”. Tras la respuesta entusiasta nos regalaron una versión impresionante de la archiconocida Inmigrant’s Song. Sonó de maravilla, rezumando Enslaved y black metal por todos los poros pero respetando la identidad Zeppelin. Por si alguno se había sentido engañado decidieron dejarnos una perla arqueológica, Allfǫðr Oðinn (Allfather Odin), de su EP debut de 1993 Hordanes Land. Volvieron en los bises para el clásico Isa y se fueron despedidos por un público entusiasta. En su hora y veinte de concierto consiguieron crear una experiencia de éxtasis, esas en las que las ondas sonoras consiguen transportarte a través del espacio y del tiempo, a dimensiones paralelas extrasensoriales donde olvidarte de todo y sumergirte en la miasma primordial de donde procede todo lo que existe.

Volví a casa reventado. Necesitaba recuperarme en un tiempo record para el asalto del día siguiente.

Continuará…

Crónica del festival Madrid is the Dark III (parte 1)

Parece que toca de nuevo pedir disculpas. Publicar un libro tiene mucha más enjundia de lo que creía en un principio. Esta macrocrónica en 4 partes se ha hecho esperar demasiado, pero al fin ya está aquí, así que hay material para unos días.

La tercera edición del Madrid is the Dark, el festival de metal extremo más importante de nuestro país, estuvo muy cerca de fracasar de la forma más estrepitosa. A última hora la sala Cats se echó atrás y dejó con el culo al aire a la organización, que tuvo que recolocarse a toda prisa en la sala Penélope, de infame memoria por el escándalo del concierto Opeth + Pain of Salvation de dos semanas antes. Era difícil ser optimista ante semejante panorama, pero al final salió todo bien, muy bien.

Me enfrenté el sábado con calma para disfrutar de 8 horas seguidas de metal extremo. El primer grupo fueron los españoles As Light Dies, que no sonaban a nadie. Esta banda totalmente desconocida fueron la primera sorpresa, ofreciendo un metal muy oscuro y extremo pero con un amplio abanico de contrastes gracias a la inclusión de un violín. Al parecer Dan Swäno les ha mezclado el segundo disco y están ligados a un sello ruso, pero está claro que algo falla. Les deseo más suerte en el futuro, porque lo que necesitan es visibilidad ya que talento tienen de sobra.

Los epic doom metalheads de Isole salieron a continuación y nos ofrecieron un concierto memorable, con esos fraseos de guitarra tan solemnes y una interpretación vocal operística salpicada de vez en cuando por algún alarde de furia gutural. Dignos discípulos de Candlemass, los suecos disfrutaron de un sonido envidiable y repasaron temas de todos sus discos, pero poniendo atención sobre todo al último, Born from Shadows. Me dejaron muy buen sabor de boca y me alegré de saber que al día siguiente les volvería a ver en su faceta Ereb Altor.

Los chilenos Mar de Grises fueron los siguientes en saltar a escena. Este grupo de death/doom con tintes progresivos está revolucionando la escena y atrayendo mucha atención por el norte de Europa, pero reconozco que yo todavía no les he cogido el punto. Su sonido es extremadamente denso, asfixiante y sumado a las voces agónicas del cantante, totalmente inquietante. Su actuación me resultó un poco monótona, con poca variación. Al parecer tuvieron algún problema técnico, pero nada en comparación con los que vinieron después.

Skepticism al parecer son una banda de culto proveniente de Finlandia. Practican un funeral doom metal con una fuerte presencia de teclados, una extrema lentitud y unas voces guturales tan graves que no parecen humanas. Salieron a escena casi media hora tarde ataviados con trajes negros como si acudieran a un funeral y dada la extrema duración de sus canciones solo pudieron tocar un par. Pero yo no me quejé. Era la apuesta más arriesgada del festival y me desagradó muchísimo aunque al parecer había gente que llegaba a disfrutarlos. Cuestión de gustos.

Con October Tide el festival abandonó la vertiente doom para centrarse más en el death, lo que se tradujo en un aumento de las revoluciones considerable. El death metal melódico de los suecos me sorprendió gratamente. Dieron un concierto animado, con mucha caña y repartiendo melodía a espuertas. Después del sufrimiento de sus predecesores los recibí como agua de mayo. Aprovecharon muy bien su tiempo y dejaron un buen sabor de boca a todos los asistentes, si bien llegué a pensar que la inclusión de unas voces limpias le vendrían de maravilla a su sonido.

Ghost Brigade era uno de los dos grupos que tocaban ese día por los que se sentía una predilección especial. Los sigo desde que sacaron el primer disco hace ya cuatro años y cuentan con unas canciones absolutamente brillantes. Practican un death metal melódico muy progresivo con influencias doom y de post-hardcore. Su punto fuerte son las texturas que consiguen con las guitarras y con la dualidad en las voces del cantante. Su punto débil es que todas sus composiciones se parecen bastante entre sí. Plantearon un concierto muy interesante, centrándose en sus dos últimos discos y otorgando a partes iguales calma y melodía y furia y violencia. Sonaron especialmente bien Soulcarvers y la majestuosa Into the Black Light. La actuación que se marcaron fue tan buena que me empujaron a empezar a escucharlos de nuevo en mi día a día, y solo los mejores consiguen hacer eso. Redescubrí Isolation Songs, un disco qué pasé un poco por alto en su día por parecerme muy extremo (la voz gutural del cantante tira más hacia el hardcore que al death, y se hace muy agónica para el que no está acostumbrado).

Continuará…