Archivos para junio, 2011

Un alto en el camino

Publicado: 17 junio, 2011 en Cine, Literatura, Música, Videojuegos

33 entradas en 31 días. Objetivo cumplido.

No tengo mucho más que decir. Poner en marcha un blog no es cosa fácil. Hay que estar aportando contenidos de forma constante y es algo mucho más duro lo que parece a priori porque uno llega a lo que buenamente puede. He aprovechado al máximo este último mes para iniciar el blog y darle sustancia. Ha sido el hueco entre finalizar mis estudios universitarios y dar un cambio radical a mi vida. Me cambio de ciudad y me incorporo al mundo laboral (muy incierto por ahora). Las próximas semanas van a ser muy ajetreadas, y puede que difíciles. La realidad me señala que no voy a tener tiempo material de seguir con las críticas culturales dado que es una actividad que consume ingentes cantidades de tiempo. No es solo la hora y media que me cuesta escribir una entrada sino las diez horas de media que necesito para analizar una pieza (ya sea un disco o leerme un libro). Esa cantidad de tiempo no va a estar disponible a partir de ahora. ¿Es esto el final de Forbidden Culture? No, ni mucho menos. La cultura prohibida volverá. Lo que no sé es cuándo, pero volverá. Mientras tanto hay material suficiente aquí como para saciar las ansias culturales durante mucho tiempo. Cuando por fin vuelva a publicar tened por seguro que será con un ritmo constante. No tan acelerado como hasta ahora, pero constante, seguro.

Nos vemos enseguida.

Crítica En la Frontera – Cormac McCarthy

Muy de vez en cuando en la historia de la literatura surgen autores cuyas letras contienen la verdad esencial del mundo, la vida y la muerte, Dios y el destino último de los hombres. Cormac McCarthy pertenece a esta raza de hombres que a lo largo de una vida entera llegan a mirar al corazón de todas las cosas y a través de sus libros nos hacen partícipes de esa visión de valor incalculable que no podemos llegar a apreciar en su justa medida pero que, de alguna forma misteriosa, acertamos a vislumbrar entre fogonazos de conocimiento preclaro. En la Frontera es una novela de formación destinada a hacer supurar de la faz de la tierra las grandes preguntas que siempre han estado allí pero que han sido enterradas por los residuos de una vida moderna, animalesca en sus pretensiones, capaz de desdecir nuestra verdadera naturaleza de seres racionales, seres cuya esencia misma subyace en esas preguntas que salieron con nosotros de la matriz primordial, a las que conocimos una vez mejor que a nuestros propios cuerpos pero que ahora permanecen ignotas.

Billy Parham es un joven de dieciséis años que vive con sus padres y su hermano Boyd en el rancho familiar a finales de los años 30. Una loba proveniente de México se interna en las montañas haciendo estragos entre el ganado, y Billy y su padre tratarán de darle caza. Tras sembrar de trampas durante días los campos, Billy dará por fin con la loba en cuestión, pero en vez de darle muerte, subyuga al animal e inicia un viaje a México para devolverla a su hábitat natural. El contacto con la violencia de la vida salvaje, la dureza del camino, los hombres sin ley, los despojos de revoluciones fallidas y la verdad oculta del mundo cambiarán a Billy para siempre.

McCarthy es un escritor atípico. Su experiencia no procede de la literatura sino de la vida misma y el corazón de los hombres. En sus libros no se pueden encontrar influencias literarias claras. Sus palabras surgen del corazón del mundo, impregnadas con la sangre caliente de sus venas abiertas de las que mana sin cesar hacia todos los afluentes de la tierra. McCarthy es consciente de que las letras son un invento del hombre hecho para servir al hombre. Somete el lenguaje a su voluntad y hace con él lo que quiere, algo que solo está reservado a los más grandes. No utiliza rayas de diálogo, coloca los signos de puntuación como le apetece, hace uso del polisíndeton sin ningún tipo de rubor… De esta forma da luz a un estilo muy específico, inconfundible, unido de forma inseparable a la identidad esencial de sus relatos, de sus personajes.

Es profundamente descriptivo, utilizando un lenguaje que destaca por su precisión. Se detiene a menudo en pasajes aparentemente prosaicos: ensillar un caballo, colocar trampas, cocinar el rancho, desollar un animal… Y de pronto, como venido de ningún lado, suelta unas apreciaciones filosóficas que acongojan por su profundidad. Los personajes del libro parecen ser hombres mundanos, sencillos y sin muchas preocupaciones, y sin embargo no dejan de sorprender. Expresan con un lenguaje plano y sencillo las verdades ocultas de las cosas, verdades tan complejas que parecen tener reservado un idioma propio, y a pesar de todo esos personajes consiguen traducirlo, con toda su esencia, toda su profundidad y todas sus consecuencias.

En la Frontera es una novela de formación que en poco más de 400 páginas es capaz de contener verdades que hablan a un hombre a lo largo de toda su vida. Su contenido parece inabarcable tras una primera lectura, y en cierta manera lo es. Al hablarnos de la vida sus páginas cobran sentido conforme vamos envejeciendo. Por ello se erige como una de esas pocas novelas definitivas, de obligado retorno a lo largo de los años, que hace de puente entre el corazón del mundo y el de cada uno de nosotros, y que debemos tomar para hallar respuesta a las preguntas que se fraguaron en el mismo líquido amniótico que nosotros.

“Ciervos y liebres y palomas y campañoles, todos abundantemente inscritos en el aire para su deleite, todas las naciones del mundo dispuestas por Dios y de las cuales ella era una más e inseparable. Por donde ella corría los gritos de los coyotes cesaban de golpe, como si una puerta se hubiera cerrado sobre ellos y todo fuese miedo y asombro. Levantó de la hojarascas la rígida cabeza de la loba y la sostuvo entre sus manos o hizo ademán de asir lo inasible, lo que corría ya entre las montañas, terrible y bellísimo a un tiempo, como las flores que se alimentan de carne. Eso de que están hechos la sangre y los huesos pero que no puede formarse por sí solo en un altar ni por herida alguna de guerra. Lo que sin duda podemos creer que tiene la facultad de cortar y moldear y ahuecar la negra forma del mundo del mismo modo que lo hacen el viento o la lluvia. Pero lo que no puede cogerse nunca ha de ser cogido, y no es una flor sino que es veloz y ligera y cazadora y el viento la teme y el mundo no puede quedarse sin ella.”



Crítica Hardcore Will Never Die, But You Will – Mogwai

El término post-rock se utiliza para hacer referencia a todas esas bandas que utilizando instrumentos típicos del rock (guitarras eléctricas, batería, bajo) se salen por la tangente a la hora de componer, haciendo uso de estructuras atípicas, novedosas y experimentales. En este tipo de grupos la instrumentación tiene una importancia capital, tanto es así que muchas veces no incluyen ningún tipo de interpretación vocal, como es el caso de Mogwai. El hecho de no tener una figura central como es un cantante o unas letras donde apoyarse durante las canciones suelen catapultar a estos grupos fuera del espectro comercial en el mercado musical. Sin embargo, lo que a priori parece música demasiado sesuda para las masas ha conseguido hacerse un hueco a través de los festivales de música alternativa y los tejemanejes del movimiento underground, como hizo en su día el shoegaze.

Mogwai es una de las bandas veteranas de post-rock. La calidad de sus álbumes los ha erigido como cabezas de este género en expansión. “Hardcore Will Never Die, But You Will” es el séptimo álbum de estudio de la banda, y en él han conseguido un resultado que se caracteriza por su equilibro generalizado.

“White Noise” abre el disco con unos teclados muy prominentes y unas guitarras que van construyendo encima formando progresiones armónicas. “Mexican Grand Prix” continua el protagonismo de los teclados, apostando por sonidos electrónicos y voces ininteligibles sintetizadas. No es hasta “Rano Pano”, tercer corte del disco, cuando el protagonismo de las guitarras se hace absoluto. Es una canción estructurada en forma de bucle que se desarrolla a base de sangrantes distorsiones de guitarra, construyendo una atmósfera rasposa y feísta que acaba configurando una melodía extraña, alienígena. “San Pedro” se erige como la canción más animada y dinámica del disco, una melodía muy alegre que con riffs sacados del rock clásico impulsa a moverse al son de la música, emitiendo un hechizo del que es difícil escapar.

En la segunda mitad del disco Mogwai se vuelve mucho más reflexivo, con canciones más pausadas y contemplativas entre las que destaca “Letters to the Metro”. Hacia el final del disco encontramos canciones mucho más heterogéneas en su estructura, con pasajes muy melódicos y tranquilos que van creciendo hacia otros más agresivos, como en la fantástica “Too Raging to Cheers”, que va construyendo su rabia de forma progresiva hasta un clímax en el que la distorsión de la guitarra termina explotando. “George Square Thatcher Death Party” vuelve a hacer uso de las voces sintetizadas y nos recuerda que como buenos escoceses, los chicos de Mogwai no guardan buenos sentimientos hacia la Iron Maiden. “You’re Lionel Ritchie” cierra el disco con sus ocho minutos y medio de duración. Una testimonio al sonido de Mogwai.

“Hardcore Will Never Die, But You Will” es un disco mucho más equilibrado que su predecesor, “Hawk is Howling”. Mantiene nuestra atención durante sus 53 minutos y aporta suficiente variedad, así como varias canciones destacables para resultar una aportación muy interesante. El mejor disco de post-rock de lo que llevamos de año. Lo nuevo de Explosions in the Sky, tras cuatro años de espera, no consigue llegarle ni a la suela de los zapatos. Los escoceses no tienen de qué preocuparse. Con discos así el cetro del género no peligra. Y menos con títulos tan brillantes.

8/10

Crítica Amaranthe – Amaranthe

Escandinavia lleva décadas siendo el caldo de cultivo de donde surge el mayor número de grupos de metal del panorama internacional. Conseguir una porción del mercado se vuelve cada vez más difícil y la originalidad brilla por su ausencia. Muy de vez en cuando surge algún grupo que trata de hacer algo diferente. Amaranthe es uno de esos proyectos.

El grupo aglutina a varios integrantes de la escena sueca (bastante desconocidos a decir verdad) comandados por los amigos de la infancia Olof Mörck y Jake E. Berg. Su propuesta sónica ha sido cuidadosamente meditada durante varios años. No es un alarde de inspiración surgido a través de infinitas jam sessions en algún local abandonado, sino que ha sido creada en un laboratorio musical, dando con una fórmula específica. Amaranthe saca su primer LP con una clara intención de revolucionar el panorama comercial del metal mundial. Para ello mezclan en cantidades simétricas el power metal escandinavo, el death melódico de la escena de Gotemburgo y los estribillos pegadizos de la música pop. Para mezcla géneros tan dispares con éxito se apoyan en la característica más llamativa del grupo: sus tres cantantes.

Elize Ryder se encarga de las voces pop del grupo, Jake E. Berg se encarga de las voces limpias y Olof Mörck hace lo propio con las guturales. Contar con tres cantantes tan diferentes multiplica las posibilidades, y Amaranthe no se olvida en ningún momento de este hecho. Ninguno de los tres cuenta con un protagonismo superior. Sus voces se van cruzando constantemente, cantando en solitario, en duetos, saltando al frente, quedando en un segundo plano… Las armonías vocales del disco es lo más reseñable y hace que el sonido sea muy dinámico, ágil, entretenido y pegadizo.

La música en sí no es muy compleja, si bien cumple en el apartado técnico. Es puro death metal melódico de la escena de Gotemburgo con estructuras pop made in ABBA. El disco tiene una duración media, en torno a los 43 minutos, pero sus temas son tan similares entre sí que puede engañar. El tempo cambia muy pocas veces a lo largo del disco, manteniendo un ritmo endiablado excepto en “Amaranthine”, compuesta con la intención de erigirse en la power ballad del grupo. La producción está encaminada a dar con ese sonido discotequero, con ritmos muy marcados y melodías bailables mientras trata de  mantener siempre que puede la agresión de las guitarras metálicas.

Amaranthe es un producto comercial desde su concepción y esa característica provoca el rechazo inmediato de cualquiera con un mínimo de pretensiones musicales. El mundo del metal y del rock en general no está acostumbrado a este tipo de acercamientos. Son mucho más propios de la música pop y por ello este género musical está hoy en día tan denigrado. Pero, ¿hacer música pensando en el éxito comercial es algo legítimo? Es un debate que no tiene una respuesta sencilla, así que lo mejor es quedarnos con lo que Amaranthe nos ofrece: música melódica, muy movida y extremadamente pegadiza. A pesar de compartir en esencia un género extremo como es el death metal su propuesta se dirige a un público amplísimo. Si te gusta la música pop Amaranthe tiene algo que decirte.

7/10

Crítica Redemption at the Puritan’s Hand – Primordial

 

Primordial lleva desde 1991 explorando las posibilidades del black metal con las influencias célticas de su Irlanda natal. Sin embargo no fue hasta su sexto álbum de estudio, To the Nameless Dead (2007), cuando por fin obtuvieron un reconocimiento más amplio. Hasta entonces siempre habían sido una opción de la crítica especializada y de los seguidores más dedicados, pero con ese disco dieron el salto definitivo que llevaban más de 15 años esperando. La calidad de ese disco lo convirtió en el pináculo de toda su carrera, y por primera vez la producción hacía justicia a las ambiciones de esta banda dublinesa. Tras girar de forma muy extensa en estos últimos años por fin se han decidido a sacar la continuación de esa obra maestra.

Redemption at the Puritan’s Hand es el resultado de cuatro años de trabajo. En él podemos encontrar de nuevo ocho cortes de gran duración con las estructuras tan típicas de la banda. Es un disco Primordial se mire por donde se mire a pesar de todo el tiempo transcurrido. Una banda con tanto oficio como Primordial no puede a estas alturas hacer un mal disco. Sus riffs son tan monolíticos como en el pasado. La batería sigue otorgando ese sonido marcial a las composiciones como si fueran antiguos tambores de guerra llamando a las tribus celtas a la batalla. Y Alan Averill sigue siendo tan dramático como siempre.

Redemption at the Puritan’s Hand es un disco de oficio. La interpretación de los músicos es soberbia. Averill consigue trasladarnos con su cántico a los paisajes desolados que tratan la música. Él mismo definió este disco como “el álbum de la muerte” y ya desde el primer tema, No Grave Deep Enough, deja claro por qué es unos de los cantantes más versátiles de la escena. Alan es capaz de pasar de forma instantánea de una interpretación operística de barítono a la desolación de los gritos black. Y a pesar de todas sus virtudes no se queda ahí, ya que como letrista es capaz de superar en calidad a muchos poetas consagrados.

La identidad irlandesa impregna el sonido con el calor de la sangre y le confiere un dramatismo único, una visión romántica que se vuelve sublime en “Death of the Gods” el gran tema de 9 minutos que cierra el disco. Alan parece cantar sobre el fin de la república romana, la disolución del senado y las libertades del pueblo. Pero hacia el final empieza a soltar nombres propios (Collins, Parnell, Conolly) y se hace evidente que, una vez más, utiliza la historia antigua como metáfora para conmemorar hechos más recientes, en este caso la insurrección de la Semana Santa de 1916. Alan acierta por completo a la hora de seleccionar textos clásicos que suman épica a los himnos de Primordial, como en el caso de Patrick Pearse o de la poetisa Vizcma Belgenvica (en The Black Hundred, sobre los campos de concentración rusos).

¿Por qué no termina de despuntar el álbum? Porque Primordial ya ha hecho todo esto. Con To the Nameless Dead (2007) alcanzaron la perfección de un sonido. Redemption trata de imitar todo eso, pero una inspiración así es difícil que se repita. Los temas de este disco se alargan demasiado, pierden su interés y se vuelven anodinos. Cuando mejor funciona Primordial es cuando estructura sus canciones a base de progresiones, in crescendos que otorgan dramatismo a base de riffs y coros hasta explotar en un clímax de pura épica. Cuando la banda toma la estructura libre parece perderse. Sin un objetivo claro las canciones se hacen pesadas, y si además rondan los 9 minutos se vuelven indigestas (Lain with the Wolf, The Mouth of Judas). Y es una pena, porque todos los ingredientes para un álbum magistral están aquí. Una instrumentación magnífica, una producción muy digna, un vocalista único y unas letras que son pura poesía. Redemption at the Puritan’s Hand está condicionado por su predecesor. Las expectativas estaban por las nubes y a pesar de que el grupo lo ha hecho bien, no ha alcanzado la excelencia que se le exigía.

7/10

Crítica 21 – Adele

La Gran Bretaña ha dado a luz en los últimos años a grandes estrellas del soul, mujeres que por su voz asombrosa se han alzado con el cetro del género y han reventado las listas de ventas. Una de las últimas de estas mujeres es Adele: una joven que no se adecua exactamente a los cánones de belleza de la música comercial, y que sin embargo ha empezado una nueva revolución en el panorama musical del “easy listening”. ¿Qué tiene Adele que la diferencia del resto y hace que los grandes sellos discográficos perdonen el hecho de que no cuenta con un físico para andar semidesnuda por los escenarios? La respuesta es sencilla: una voz prodigiosa.

La voz de la joven Adele posee una fuerza fuera de lo común, una fuerza que comparte con las grandes divas del soul como Aretha Franklin. Lo que convierte su figura en algo todavía más interesante son sus capacidades como compositora. Adele no se limita a poner voz a unas canciones. Ella misma es la encargada de componer las canciones. No solo tiene una voz encantadora, sino que sus habilidades musicales se extienden al dominio de la guitarra, el piano, el bajo, la batería y varios instrumentos más. Una músico al completo, sin ningún género de dudas.

Los títulos de los discos de Adele corresponden a la edad con la que contaba a la hora de componerlos. 21 se centra en la ruptura de una relación amorosa. Cada una de las canciones se centra en los diferentes pasos del proceso traumático. Es encomiable la precocidad con la que Adele ha sido capaz de acometer la composición e interpretación de unas canciones tan universales, si bien su juventud e inexperiencia a veces juega en su contra. El soul es un género que basa su fuerza en la sinceridad de unos sentimientos profundos que se encuentran totalmente desbocados. El problema y mayor peligro se da cuando esos sentimientos aparecen sobredimensionados. Una ruptura puede resultar muy dolorosa, y a los 21 puede parecer que el mundo se acaba, pero no es así. Cuando Adele nos intenta convencer de lo contrario, que el mundo sí se acaba y que nada tiene sentido sin el ser amado, no puede sino terminar quedando en evidencia. En la mayoría de las ocasiones Adele consigue sortear este peligro, pero a veces falla miserablemente, y cree sincero lo que no es más que un pataleo histérico, como en la excesiva “Don’t You Remember”.

Adele triunfa cuando se mantiene en control de la canción en todo momento y no deja que el sentimentalismo rampante la domine. “Set Fire to the Rain” es uno de los temas estrella del disco precisamente por esto. Es una canción que sangra sinceridad, y los arreglos orquestales junto a su voz hacen que todo el tema adquiera un tono épico. “Turning Tables” o “Someone like You” tienen en común el sosiego con el que Adele los interpreta. No necesita de ningún tipo de artificio, la música y su voz bastan.

21 se perfila como una obra fruto de una mujer dotada para la música con grandes cualidades, pero que sin embargo sufre un desequilibrio entre su ambición y su experiencia. Es algo excusable en alguien de su edad. No se puede pretender que Adele posea la profundidad de Bob Dylan. Eso sí, dentro de unos años, si todo va bien, estaremos ante una figura tan completa como las grandes estrellas. Mientras tanto podemos disfrutar de sus grandes cualidades: una voz única y unas melodías muy frescas.

8/10

Crítica Expiación – Ian McEwan

Briony Tallis es una despierta niña de 13 años con aspiraciones literarias.  Para agasajar a su hermano mayor en su vuelta de Cambridge escribe una obra de teatro para ser interpretada en su honor. A esa velada tan especial acudirán también los primos de Briony, el amigo de su hermano Paul Marshall, su hermana Cecilia y Robbie Turner, el protegido de la familia. Lo que parece una agradable velada de verano se convierte en algo mucho más sórdido, una serie de acontecimientos que para la mente inmadura de Briony solo tienen una explicación. Cuando la cruda realidad llama a la puerta y las caretas de la hipocresía caen al suelo con estrépito, las antiguas barreras surgen de nuevo y la culpa recaerá sobre el de siempre. El que, a pesar de todo, siempre ha sido un extraño, un simple advenedizo.

Expiación es la octava novela de un escritor que con su anterior trabajo, Ámsterdam, había ganado el Man Broker Prize, el premio más prestigioso de las letras inglesas. Aquella historia de rivalidad enfática entre dos hombres con toques de thriller da paso a una obra mucho más compleja en su concepción. Expiación cuenta con cuatro partes bien diferenciadas, y cada una de ellas tiene un estilo diferente.

La primera parte es pura novela costumbrista decimonónica. La influencia de Jane Austen es evidente (el libro tiene a modo de preámbulo un extracto de una obra suya). A pesar de que los hechos que se narran en esta parte condicionan el resto de la novela, McEwan tarda demasiado en entrar en vereda. Su estilo descriptivo, obsesionado con detallar cada minucia que ocurre, resulta excesivo y embarranca todo el texto. La sensación de lentitud extrema llega a ser tan sofocante como el ambiente veraniego que se vive en la casa Tallis. Durante doscientas páginas largas no ocurre nada que no se puede relatar en ochenta. McEwan, en su intento por agasajar un estilo que deparó muchos honores a las letras británicas, termina siendo farragoso. Exige demasiado del lector moderno y tampoco está dispuesto a dar mucho a cambio.

De todas formas, una vez el motivo de la trama se pone sobre la mesa todo coge mucha más velocidad. Las partes restantes cambian por completo y el estilo resulta mucho más dinámico, más ágil. Los diálogos ocupan un lugar más prominente, y las descripciones esta vez son mucho más interesantes. Lo que McEwan tiene que decir en la segunda mitad de la novela siempre aporta algo que hace avanzar el relato.

Los acérrimos defensores de McEwan pueden alegar que el estilo de la primera parte tiene como función principal presentarnos el carácter de Briony, la atmósfera ardiente de la casa Tallis, la superficialidad de unos personajes hipócritas… Todo cae en saco roto cuando se esgrime la terca realidad: en la primera parte abundan los pasajes aburridos. McEwan dedica decenas de páginas a cosas que no merecen tanta atención. Y es una pena, porque hay una gran novela tras esas páginas. La historia es magnífica, y si McEwan no estuviera tan enamorado de sus propios adjetivos la obra habría terminado ganando.

Christopher Hampton, guionista de la adaptación cinematográfica, supo entender esto a la perfección. Apoyada por unas interpretaciones magistrales y una dirección sólida la película tiene todas las virtudes de la novela y muy pocas de sus faltas. Imprescindible.

El libro… no tanto.